Jóvenes de la India cuestionan la depuración de los censos electorales bajo el Gobierno derechista de Narendra Modi. Shrishti Khanna, detenida por la policía de Delhi mientras cubría las protestas, explica qué impulsa el movimiento.

Un activista estudiantil vinculado a organizaciones de izquierda sostiene un cartel de Narendra Modi en una protesta de solidaridad con el movimiento juvenil Cockroach Janata Party. Sus participantes exigen la dimisión del presidente de la Comisión Electoral, Gyanesh Kumar, por presuntas irregularidades en el censo relacionadas con la «revisión intensiva especial». Calcuta, 11 de octubre de 2026. Fotografía: Dibyangshu Sarkar / AFP vía Getty Images.

Shrishti Khanna me dijo que aquella noche hablaríamos sobre los acontecimientos en la India. Después dejé de tener noticias suyas.

Cuando reapareció la tarde siguiente, explicó por qué: «Perdí el conocimiento después de un forcejeo con la policía».

Había pasado los días anteriores en Delhi cubriendo las protestas juveniles como periodista independiente y se encontraba cada vez más expuesta a la respuesta del Estado. El 10 de octubre, la policía la detuvo junto con otros cuatro reporteros cerca de Jantar Mantar, el lugar de la ciudad destinado a las protestas, y los llevó a una comisaría en Sarai Rohilla, a varios kilómetros, en el norte de Delhi. Según cuenta, nadie les explicó qué infracción se les atribuía ni el fundamento legal de la detención. Solo les dijeron que saldrían al anochecer. El trato fue brusco: tres o cuatro agentes mujeres la levantaron del suelo y la empujaron contra una furgoneta policial.

Ahora estaba en casa y, según me dijo, «me duele todo».

«Bueno, hasta la próxima convocatoria de una concentración masiva», añadió.

Las protestas se han convertido en un inusual desafío público al primer ministro Narendra Modi, cuyo partido nacionalista hindú, Bharatiya Janata Party (BJP), gobierna la India desde 2014. Muchas las organiza Cockroach Janta Party, cuyo nombre puede traducirse como «Partido Popular de las Cucarachas». El movimiento nació en mayo como una broma en Internet después de que el presidente del Tribunal Supremo, Surya Kant, comparara a los jóvenes desempleados con cucarachas. Kant afirmó después que se refería a personas con títulos de Derecho falsos. En julio, el movimiento había contribuido a forzar la dimisión del ministro de Educación por la filtración de exámenes de acceso.

Su objetivo actual es una revisión nacional del censo electoral que ha eliminado unos 130 millones de nombres, según las cifras atribuidas a la Comisión Electoral. La comisión afirma que retira a personas fallecidas, trasladadas, registros duplicados y votantes a quienes no ha podido localizar. Sus críticos sostienen que se ha excluido a ciudadanos con derecho a voto, de forma desproporcionada a musulmanes. Desde el inicio, el 2 de octubre, de las protestas que exigen la dimisión del presidente de la comisión, la policía de Delhi ha prohibido grandes concentraciones, detenido a manifestantes y abierto una investigación sobre denuncias de acoso presentadas por periodistas mujeres.

Khanna es escritora y activista política y vive en Bombay. Sus trabajos sobre las relaciones entre la India e Israel, el autoritarismo y la vigilancia digital han aparecido en The Wire, The New Arab y el boletín Hostile Homelands, de Azad Essa. Le pregunté qué había llevado a su generación a las calles.

—Shilpi Chhotray

Shilpi Chhotray: Para los lectores de Estados Unidos que acaban de conocer Cockroach Janta Party: ¿qué es y por qué ha conectado tanto con los jóvenes de la India?

Shrishti Khanna: Es un movimiento de protesta juvenil que utiliza la sátira, la cultura de Internet y el lenguaje de la resistencia política para desafiar al Gobierno de Modi y lo que sus participantes consideran una erosión de los derechos democráticos.

Creo que parte de su atractivo está en que habla un lenguaje que los jóvenes ya conocen. El humor, los memes y la sátira política pueden facilitar la participación, especialmente de quienes nunca han intervenido en la política organizada.

Shilpi Chhotray: Su generación ha crecido casi por completo bajo Narendra Modi. ¿Cómo ha marcado eso a los jóvenes que hoy salen a la calle?

Shrishti Khanna: Para muchos jóvenes, el Gobierno de Modi no es simplemente una administración entre otras. Es el entorno político en el que han crecido.

Han presenciado la normalización del predominio de la mayoría hindú, la reducción del espacio para disentir, los ataques a universidades y movimientos estudiantiles y el uso creciente de las instituciones del Estado contra sus críticos. También han crecido en un entorno donde los informativos televisivos, los algoritmos de las redes y la propaganda política influyen enormemente en la opinión pública.

Esto genera una contradicción. Algunos han interiorizado la visión política del Gobierno porque han estado expuestos a ella durante casi toda su vida. Otros empiezan a cuestionar instituciones y relatos que antes consideraban normales.

No describiría a esta generación como uniformemente progresista o contraria al Gobierno. Los jóvenes están divididos políticamente. Lo significativo es que algunos empiezan a desafiar un orden que durante gran parte de sus vidas parecía casi permanente.

Shilpi Chhotray: Como estadounidense de origen indio, me resulta cercana la brecha generacional sobre la política de la India. ¿Qué ocurre cuando el despertar político de una persona joven la enfrenta a quienes la criaron?

Shrishti Khanna: En la India, la ideología política suele entrar en casa a través de la religión, la casta, el nacionalismo y las expectativas familiares. Por eso, cuestionar al Gobierno de Modi, la Hindutva o el trato a las minorías puede ser mucho más que una discrepancia electoral.

Para algunas familias, apoyar al BJP está estrechamente ligado a su idea de identidad nacional, religión y patriotismo. Criticar al Gobierno puede interpretarse como criticar a la familia o incluso a la nación. Los jóvenes pueden sufrir presiones para callarse, acusaciones de antipatriotismo o restricciones a su participación en protestas.

También debemos reconocer el peso de la dependencia material. Un estudiante que depende de sus padres para la vivienda, los estudios y el sustento no siempre tiene libertad para disentir sin consecuencias.

El despertar político puede generar aislamiento, pero también llevar a construir comunidades y vínculos políticos fuera de las estructuras en las que se ha crecido.

Shilpi Chhotray: Hablemos del censo electoral. Se han eliminado unos 130 millones de nombres. Desde fuera parece un trámite burocrático. ¿Por qué se ha convertido en una cuestión de poder para su generación?

Shrishti Khanna: La revisión del censo, denominada oficialmente Special Intensive Revision o «revisión intensiva especial», no es un simple trámite. Está en juego quién puede participar en la democracia de la India y quién queda fuera.

Existe una seria preocupación por su impacto desproporcionado en musulmanes, comunidades marginadas y personas excluidas pese a tener derecho a voto. A menudo ya afrontaban grandes obstáculos para conseguir documentación y acreditar ese derecho.

El calendario resulta especialmente alarmante. El Gobierno del BJP se ha beneficiado políticamente de elecciones celebradas después de revisiones realizadas poco antes de la votación. Si se excluye a votantes con derecho a participar, pueden perder la oportunidad de decidir quién los gobernará durante los próximos cinco años.

Shilpi Chhotray: ¿Y si después vuelven a incluirlos?

Shrishti Khanna: Eso es lo más preocupante: aunque después se reconozca que la exclusión fue indebida, las elecciones no se repiten automáticamente. El BJP puede haber ganado, formado Gobierno y consolidado su poder. Devolver un nombre al censo no devuelve el voto que se negó a esa persona.

Esto plantea cuestiones fundamentales sobre la legitimidad electoral y el posible uso de estas revisiones para facilitar manipulaciones. El número de exclusiones, por sí solo, no demuestra que unas elecciones fueran fraudulentas. Pero las exclusiones indebidas a gran escala, especialmente si responden a criterios políticos, pueden comprometer la equidad del resultado.

Shilpi Chhotray: Usted ha vivido de cerca la respuesta del Estado. El 10 de octubre fue detenida mientras cubría las protestas. ¿Qué ocurrió?

Shrishti Khanna: Estaba en Delhi trabajando como periodista independiente. Eran aproximadamente las diez y media de la mañana y me encontraba cerca de Deen Dayal Upadhyaya Marg, junto a Jantar Mantar. No participaba en la protesta. Estaba informando junto con otros periodistas.

Aun así, la policía nos detuvo a mí y a otros cuatro reporteros y nos llevó a la comisaría de Sarai Rohilla. Hablamos con el inspector C. P. Bhardwaj, pero no recibimos una explicación clara. No nos comunicaron ninguna infracción concreta ni la disposición legal que justificaba retenernos. Solo dijeron que nos soltarían al anochecer.

Lo que me preocupa es que estábamos ejerciendo nuestra profesión y documentando hechos de interés público. The Quint informó después de la detención, y Digipub News India Foundation publicó un comunicado de condena en el que me mencionaba expresamente. La cuestión es por qué se detuvo a periodistas por hacer su trabajo y por qué la policía no pudo justificar legalmente la restricción de nuestra libertad.

Shilpi Chhotray: Cuando me escribió, dijo que le dolía todo. ¿Qué había pasado?

Shrishti Khanna: La policía actuó con mucha violencia, y no solo conmigo, sino con todo el mundo.

Mientras informaba, tres o cuatro agentes mujeres se acercaron y me levantaron del suelo. Yo estaba tendida y me resistía cuanto podía, pero me agarraron por todas partes. Los pantalones se me estaban cayendo y tuve que gritar: «¡Se me cae la ropa, por favor, ayúdenme!». Se detuvieron un segundo y luego me empujaron contra la furgoneta policial. Había muchísimas personas detenidas y una gran multitud. No querían dejarme ir a ninguna parte.

Todavía me duelen los nudillos por el golpe en la mano. También las piernas, porque tiraron de ellas con fuerza al detenerme. Te meten en la furgoneta de una manera que puedes caerte, golpearte y sufrir una lesión grave, como les ocurrió a otras personas. Afortunadamente, no fue mi caso.

Shilpi Chhotray: ¿Qué vio que les pasara a otros manifestantes?

Shrishti Khanna: Las mujeres sufrieron mucha violencia, incluidas agresiones sexuales y tocamientos. Afortunadamente, yo no sufrí estas agresiones sexuales ni tocamientos.

Por suerte llevaba el pelo recogido, pero vi cómo agarraban del cabello a personas con coleta o pelo largo para levantarlas. Las agentes clavaban las uñas a los manifestantes para hacerles daño, controlarlos e impedir que escaparan. Los arrastraban por el asfalto, que es muy áspero, y acababan con las piernas llenas de moratones.

Esto es lo que presencié y lo que viví personalmente.

Shilpi Chhotray: ¿Cambió su manera de ver al Estado o su papel al documentar lo ocurrido?

Shrishti Khanna: No diría que la detención cambió radicalmente mi idea del Estado. Confirmó lo que ya sabía tras años documentando la violencia estatal, la represión política y la criminalización de la disidencia en la India.

Periodistas, activistas, estudiantes, musulmanes, dalits, adivasis y comunidades marginadas llevan mucho tiempo sufriendo distintas formas de represión. Mi detención no puede entenderse al margen de esa historia.

También es importante no tratar la detención de periodistas como el único momento en que la represión merece atención. Las personas sobre las que informamos pueden afrontar consecuencias mucho más graves, a menudo sin la misma visibilidad o el mismo respaldo institucional.

Shilpi Chhotray: Conocí su trabajo por sus informaciones sobre la solidaridad india con Palestina. ¿Cubrir Palestina ha influido en cómo ve lo que ocurre aquí, o considera inadecuada la comparación?

Shrishti Khanna: Sí, absolutamente. Informar sobre Palestina ha marcado profundamente mi comprensión de la violencia estatal, la vigilancia y el papel del periodismo, también en la India.

Los palestinos están sometidos a sistemas de vigilancia masiva, reconocimiento facial, selección automatizada de objetivos y control militar. Estas tecnologías no se quedan en Palestina. La India es especialmente importante porque es el mayor comprador de armas de Israel. Ambos países mantienen una extensa cooperación militar, de inteligencia y de vigilancia.

Además está lo que Israel ha hecho a los periodistas palestinos. Según los registros del Comité para la Protección de los Periodistas, la guerra de Gaza se ha convertido en el conflicto más mortífero para la prensa. Eran personas que documentaban lo que ocurría en sus propias comunidades, a menudo porque ni siquiera se permitía entrar a periodistas extranjeros. Matar periodistas también significa destruir testigos y las pruebas que conservan.

Shilpi Chhotray: ¿Y en la India?

Shrishti Khanna: En las protestas indias veo paralelismos muy preocupantes en los métodos de vigilancia y represión, aunque la escala y las circunstancias son muy diferentes.

Hemos visto a la policía de Delhi desplegar reconocimiento facial y vehículos de vigilancia en Jantar Mantar. Hemos visto detener a periodistas pese a identificarse como miembros de la prensa. Y hemos visto cómo se invoca la seguridad nacional y el orden público para justificar restricciones a las protestas y a su documentación.

Cubrir Palestina ha reforzado un principio fundamental del periodismo: el Estado no puede decidir qué violencia se documenta ni a qué testigos se permite hablar. El periodismo no puede limitarse a reproducir la versión estatal, especialmente cuando el propio Estado es responsable de la violencia de la que se informa.

Shilpi Chhotray: Antes mencionó la normalización del predominio de la mayoría hindú. ¿Cómo se manifiestan la identidad religiosa y las relaciones entre hindúes y musulmanes entre los jóvenes manifestantes?

Shrishti Khanna: La religión no puede separarse de la política india actual. La Hindutva, la ideología política del predominio de la mayoría hindú, ha sido central en el proyecto del BJP. Bajo Modi, la identidad musulmana se ha convertido cada vez más en una cuestión política, con disputas sobre ciudadanía, expresión religiosa, espacio público y violencia entre comunidades.

Pero no todos los jóvenes reaccionan igual. Algunos reproducen la política de predominio de la mayoría con la que crecieron. Otros la rechazan y se organizan en torno a los derechos constitucionales, el laicismo y la solidaridad entre comunidades religiosas.

Shilpi Chhotray: ¿Supone esto un desafío para el propio Cockroach Janta Party?

Shrishti Khanna: Una de las grandes preguntas es si el movimiento puede ir más allá de oponerse personalmente a Modi y enfrentarse al predominio hindú como estructura política.

Un movimiento no puede afirmar seriamente que defiende la democracia y guardar silencio ante la marginación sistemática de los musulmanes o la persistencia de la opresión de casta. Si exige derechos electorales y rendición de cuentas, esas demandas deben incluir a las comunidades cuyos derechos llevan años bajo ataque, no solo a quienes han empezado a sufrir represión recientemente.

Shilpi Chhotray: Hablemos del nombre. Nació de un insulto del presidente del Tribunal Supremo. ¿Por qué prendió el símbolo de la cucaracha? ¿Qué permite hacer el humor que no permite el lenguaje político convencional?

Shrishti Khanna: Hay algo políticamente interesante en apropiarse del insulto de alguien con poder institucional y convertirlo en una identidad colectiva.

El nombre es deliberadamente absurdo. Juega con los nombres de los partidos indios, especialmente Bharatiya Janata Party, o Partido Popular Indio, y convierte la cucaracha en un símbolo de supervivencia política y rebeldía.

El humor permite ridiculizar a la autoridad en lugar de temerla. Pero tiene límites. Un meme puede sacar a miles de personas a la calle, pero no necesariamente explica por qué hay desempleo, cómo la casta y la clase condicionan el acceso a la educación o cómo las instituciones protegen las estructuras de poder existentes.

La cuestión es si el humor abre la puerta a la formación política y a la organización o si el movimiento sigue dependiendo de momentos virales. El Estado puede sobrevivir a las burlas. Lo que amenaza a un poder arraigado es una resistencia sostenida y organizada.

Shilpi Chhotray: El Congreso Nacional Indio y otros partidos de oposición también se manifiestan por el censo electoral. ¿Qué ocurre cuando un movimiento juvenil empieza a confluir con partidos establecidos?

Shrishti Khanna: Hay oportunidades y riesgos. Por un lado, esos partidos tienen redes organizativas, recursos, representación parlamentaria y acceso a instituciones de los que un movimiento nuevo puede carecer.

Por otro, siempre existe el peligro de que sus demandas queden absorbidas por la competencia electoral. Sobre todo si los partidos ven a los jóvenes manifestantes como un electorado al que movilizar y no como personas con demandas políticas propias.

Shilpi Chhotray: ¿Qué haría falta para convertir este momento en una fuerza política duradera?

Shrishti Khanna: Hay que distinguir entre oponerse al BJP y construir un proyecto político alternativo.

Un movimiento no puede medir su éxito únicamente por la dimisión de un ministro, la destitución de un responsable electoral o incluso un cambio de Gobierno. Pueden ser victorias importantes, pero no transforman automáticamente las condiciones materiales que provocaron el descontento.

Hace falta una organización sostenida más allá de Delhi y de las redes sociales. Hay que trabajar con obreros, agricultores, estudiantes, dalits, adivasis, musulmanes y comunidades que ya resisten al desplazamiento, la explotación y la violencia estatal. El movimiento también necesita democracia interna, formación política y rendición de cuentas ante las personas a las que afirma representar.

En última instancia, se trata de saber si se moviliza a los jóvenes para un momento concreto o si se organizan para una lucha que continuará mucho después de desaparecer de los titulares.

Shilpi Chhotray presenta A People’s Climate, un pódcast de Counterstream Media y The Nation. Los nuevos episodios se publican los sábados desde el 27 de septiembre.

Fuente: The Nation