Irena Krzywicka, escritora y activista feminista, había señalado, unos años antes de la Segunda Guerra Mundial, que «las fronteras orientales siempre habían sido, en cierto modo, colonias de Polonia», pero ¿quién la lee hoy en día?

Un Estado-nación en un territorio plurinacional

Al igual que su contemporáneo, el antropólogo Józef Obrębski, quien demostró cómo

«en esas tierras, la identidad polaca, desde sus orígenes históricos, estaba ligada a la opresión y a la esclavitud campesina», cómo se basaba «en el saqueo: una explotación salvaje y destructiva» del campesinado ucraniano, cómo el señor polaco «tenía que ser un conquistador permanente; debía luchar sin cesar contra la resistencia silenciosa y el sabotaje encubierto de los campesinos, que destruían los valores señoriales tan odiados, aunque hubieran sido creados por los propios campesinos».

Por no hablar del escritor Józef Ignacy Kraszewski (1812-1887), quien calificó la explotación polaca de los campesinos ucranianos de «extorsión inhumana, manifiesta en casi todas partes», sobre todo en las monstruosas condiciones de vida de estos últimos. Hubo que esperar a la gran obra de un historiador extranjero como Daniel Beauvois para que comprendiéramos (¿pero lo hemos entendido realmente?) que a lo largo de los siglos habíamos establecido un sistema que «se asemeja, ante todo, a un sistema colonial».

La contribución polaca al nacionalismo ucraniano

Cuando la era de los Estados-nación modernos se extendió por fin hasta Europa del Este, el Estado polaco, renacido desde 1918, constituía, por fuerza de las circunstancias, una anomalía anacrónica y efímera. De hecho, se había proclamado Estado-nación, a pesar de abarcar un territorio multinacional. En la mitad de ese territorio, los polacos constituían una clara minoría, mientras que otras dos naciones, los ucranianos y los bielorrusos, eran una amplia mayoría, aunque separadas de sus congéneres por una frontera nacional. Se había construido, por tanto, sobre un terreno minado que, tarde o temprano, tenía que explotar.

Fue el propio Estado polaco el que creó unas condiciones muy propicias para el desarrollo del nacionalismo integral ucraniano. Se intentó desactivar esta bomba mediante medidas contraproducentes: la asimilación estatal en un Estado rigurosamente centralizado, que excluía toda autonomía nacional, o bien la asimilación nacional y confesional y el exterminio —denominado de manera muy evocadora por el Partido Nacional (SN) polaco. Los nacionalistas ucranianos siempre han seguido de cerca los proyectos de los nacionalistas polacos de «política exterminadora» hacia los ucranianos. Estos proyectos impulsaban su propio nacionalismo integral, al tiempo que le proporcionaban una base doctrinal.

El origen del «nacionalismo integral»

A mediados de la década de 1950, John Armstrong introdujo el término «nacionalismo integral» y esbozó el concepto en sus estudios sobre la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN). Desde entonces, este concepto ha sido considerablemente perfeccionado —aunque sin duda aún no hasta la perfección— por Alexander Motyl, Myroslav Shkandrij, Roman Wysocki, Trevor Erlacher y, sobre todo, sesenta años después de que Armstrong abriera el camino, por Oleksandr Zaitsev [véase la nota bibliográfica más abajo, N. del T.] [1].

La importancia de este concepto radica en que permite distinguir los movimientos de tipo fascista o nazi de las naciones con Estado de los movimientos nacionalistas radicales de derecha de las naciones oprimidas y sin Estado —distinguirlos incluso cuando estos últimos están influenciados ideológica y políticamente por los primeros, como ocurrió con la OUN. El nacionalismo integral, con la dinámica o tendencia exterminadora que le es inherente, apareció, antes de que se acuñara el término, en el marco de un movimiento anticolonial tan precoz como la revolución haitiana a finales del siglo XVIII y principios del XIX, en una época en la que nadie había oído hablar aún del fascismo.

«Un excrecimiento extranjero y parasitario»

La dinámica que considero que define este nacionalismo o determina su naturaleza se pone especialmente de manifiesto en el nacionalismo de un pueblo sin Estado, tanto debido al colonialismo de colonización de la nación dominante como a la flagrante desigualdad nacional en el acceso a la tierra, desfavorable para el pueblo sin Estado, que, sin embargo, constituye una mayoría abrumadora en su propio territorio.

Solo en la región de Volinia, durante el periodo de entreguerras, una minoría polaca del 15 % ejercía un poder absoluto sobre la mayoría ucraniana (incluso en los distritos donde el 90 % de la población era ucraniana, solo un polaco de origen podía ocupar el cargo de prefecto) y controlaba cerca del 35 % de las tierras cultivables, mientras que el campesinado ucraniano se apiñaba en explotaciones minúsculas. Un hecho revelador: durante la «acción antipolaca» del Ejército Insurreccional Ucraniano (UPA) en el año 1943, su comandante en jefe, Klym Savour, ordenó «el reparto de los koljoses, los sovjoses, las grandes fincas y las explotaciones pertenecientes a los antiguos colonos polacos, con el fin de repartirlas entre los agricultores individuales sin tierra y los pequeños agricultores» [La región fue ocupada por la URSS en septiembre de 1939 a raíz del Pacto Germano-Soviético, hasta junio de 1941, de ahí la presencia de koljós y sovjós, que la ocupación nazi siguió explotando para facilitar el control de los campesinos y las requisiciones, N. del T.].

Antes de la guerra, el coronel Mykola Stsiborsky [1898-1941, N. del T.], miembro de la dirección de la OUN, escribía:

«Polonia, ignorando por completo los intereses fundamentales del campesinado de Ucrania occidental, se esfuerza por poblar Galitzia y Volinia con colonos (principalmente antiguos militares), con vistas tanto a su expansión económica como a sus objetivos político-estratégicos». Por eso «las autoridades nacionalistas se opondrán con una determinación inquebrantable a esta colonización hostil y a sus consecuencias. Este tumor extranjero y parasitario en nuestro organismo nacional será destruido de raíz».

Anunciaba que dichas autoridades actuarían de la misma manera en la futura Ucrania postsoviética con respecto a los colonos rusos. « Cabe esperar que gran parte de estos colonos moscovitas, polacos y otros extranjeros instalados en Ucrania, sean aniquilados material y físicamente desde las primeras fases de la revolución. Los vestigios de esta colonización hostil serán eliminados por las autoridades nacionalistas mediante medidas legislativas y administrativas», deportando a los colonos.

Sin embargo, a ojos de Stepan Bandera [1909-1959, NDT], líder de la joven generación nacionalista, Stsiborsky no era un auténtico nacionalista: Bandera lo criticaba duramente por ser uno de esos dirigentes de la OUN en el exilio «casados con judías». Sin embargo, entre los nacionalistas integrales también había quienes consideraban que «el antisemitismo era una puñalada por la espalda a nuestra revolución». Cuando la OUN se escindió en 1940, Stsiborsky se opuso a Bandera [OUN(b), N. del T.], alineándose con Andriy Melnyk [de la OUN(m), N. del T.], quien no participaría en la «acción antipolaca» [2].

Junto con otros jóvenes militantes de la OUN, Mykhaylo Kolodzinsky [1902-1939, N. del T.] había recibido formación militar en Italia con los ustachis —nacionalistas croatas extremistas— y sufrió su influencia, aunque de forma selectiva: no adoptó sus teorías raciales, pero fue de ellos de quien tomó la idea de elaborar una doctrina militar para la OUN. La elaboró antes de su muerte —en marzo de 1939 fue fusilado por las tropas húngaras durante laanexión de la Ucrania de los Cárpatos. Oficialmente, la OUN nunca haría suya esta doctrina. En ella escribía que, en el marco de un levantamiento nacional ucraniano, había que «aceptar la ayuda de las minorías nacionales, como los tártaros, los alemanes o los búlgaros », pero «aniquilar las fuerzas vivas enemigas». Entre estas figuraban «todas las minorías hostiles a la independencia de Ucrania», es decir, «los polacos, los moscovitas y los judíos».

Durante la ocupación alemana, esta doctrina guiará sucesivamente a dos militantes críticos con la dirección de la OUN, que se oponía a la idea de constituir un ejército ucraniano clandestino. En primer lugar, Iván Klymiv, conocido como «Legenda », en 1941, al inicio de la guerra germano-soviética, fundador del Ejército Nacional Revolucionario Ucraniano (UNRA), que solo existió bajo la ocupación alemana durante unas semanas, en realidad en una fase embrionaria; murió torturado a manos de la Gestapo. Después, Dmytro Klyatchkivsky «Klym Savour» [1909-1945, N. del T.] y aquellos con quienes llevaría a cabo el proyecto de «acción antipolaca» en Volinia: Vassyl Ivakhiv «Sonar» e Ivan Lytvyntchouk «Doubovy».

El exterminio. ¿A quién se le ocurrió la idea?

En cuanto a la cuestión ucraniana, el Partido Nacional Polaco «no solo mantenía íntegramente su política de exterminio de antes de la guerra en este ámbito, sino que la radicalizaba considerablemente» y «anunciaba, respecto a los ucranianos, una política exterminadora de desplazamiento, a semejanza de las operaciones de desplazamiento llevadas a cabo por los regímenes hitleriano y fascista ». Así caracterizaba el cuartel general del Ejército del Interior (AK), principal organización de la resistencia polaca, la postura de dicho partido en aquella época respecto a la cuestión ucraniana. Esta postura era bien conocida por la OUN. Por consiguiente —razonaban Klym Savour, Sonar y Doubovy —, la cuestión de «quién vencerá a quién» depende de «quién actúe más rápido»: el Estado polaco, que por el momento solo existe en la clandestinidad, no dispone de los medios necesarios. Nosotros, en Volinia, con nuestra abrumadora mayoría nacional, sí los tenemos. El ejército que vamos a crear nos garantizará la eficacia.

La heterogeneidad política del nacionalismo ucraniano

Lhistoria de los movimientos de liberación de los pueblos coloniales y oprimidos en el siglo XX muestra que, cuanto más están dominados estos movimientos por determinadas organizaciones políticas, más heterogéneos se vuelven, con múltiples corrientes ideológicas y políticas, que van desde la derecha hasta la izquierda. Corrientes rivales, que se disputan el dominio, cooperan entre sí, a veces incluso de forma antagónica, lo que a menudo revelan las situaciones de crisis repentinas. Entonces ocurre quese produzca un «cambio en el dominio»: ciertas tendencias pierden su posición dominante, mientras que aquellas que hasta entonces estaban dominadas toman la delantera. La historia del Frente de Liberación Nacional Argelino (FLN) o del Ejército Republicano Irlandés (IRA) se cuenta entre los numerosos ejemplos elocuentes de estas dinámicas internas.

Cuando en 1929 se constituyó la OUN en su congreso de Viena, Moscú, a través de la Comintern y con la ayuda de los comunistas polacos, acababa precisamente de expulsar del Partido Comunista de Ucrania Occidental (KPZU) al «chumskismo» [llamado así por Oleksandr Chumsky, antiguo dirigente del Partido Comunista Ucraniano (borotbista), impulsor de la ucranización de la Ucrania soviética, destituido entonces de su cargo de comisario del pueblo para la Educación por Stalin, acusado de desviación nacionalista, N. del T.], corriente mayoritaria que se negaba a someterse a su autoridad y que era, en realidad, independentista.

El comunismo pierde terreno, el nacionalismo gana terreno

«Para explicar el auge del movimiento nacionalista ucraniano en Galitzia en la segunda mitad de la década de 1920, no se puede ignorar el declive simultáneo del movimiento comunista», ya había señalado Marko Bojcun [1951-2023, historiador, politólogo y economista británico de origen ucraniano, N. del T.], hace ya mucho tiempo. Además, mientras que hasta entonces los círculos militantes de la juventud ucraniana en Polonia tenían, en la clandestinidad, la opción entre dos corrientes radicales —el nacionalismo y el comunismo—, este último había perdido por completo su poder de atracción. Muchos de los que antes habrían elegido el KPZU se pasaron, por tanto, a laOUN. Este fenómeno se repitió después de 1933, a raíz del Holodomor en la Ucrania soviética, cuando la verdad al respecto llegó a Galitzia: una parte de quienes por entonces habían abandonado el KPZU o renunciado a afiliarse a él se unió a las filas de los nacionalistas.

Sin embargo, esto no significa que se convirtieran en nacionalistas radicales. Al contrario, a menudo contribuyeron a una heterogeneización de la OUN aún más marcada que antes y exacerbaron los aspectos antagónicos de la cooperación en su seno. Como veremos, Mykhaylo Stepaniak es un ejemplo emblemático en este sentido: « comunista y miembro de la dirección de la OUN» —así se le describirá en 2011 en el periódico ucraniano Istorytchna Pravda.

Otra figura emblemática es Ivan Mitrynga [1907-1943, N. del T.], quien, de no ser por la represión estalinista del «chumskismo» en el seno del KPZU, habría dudado entre afiliarse a este último o a la OUN. Antes de la guerra, dirigía una facción influyente que, en algunos aspectos, aún se impregnaba del nacionalismo integral, mientras que en otros ya lo cuestionaba radicalmente desde la izquierda. Ya por entonces afirmaba que « la OUN solo podría superar la prueba de la historia como movimiento revolucionario, ideológicamente cercano a las masas populares de Ucrania, y, en particular, del proletariado del Donbás y de los demás centros industriales» de la Ucrania soviética. Y que la nueva revolución ucraniana «cobraba fuerza en el seno mismo de las filas del bolchevismo, y que el bolchevismo nunca erradicaría esas nuevas fuerzas, pues él mismo las engendra sin cesar», al igual que ya había dado origen a su defensor, Mykola Khvylovy [1893-1933, militante bolchevique, escritor, dirigente de la Academia Libre de Literatura Proletaria (VAPLITE), que se convirtió en partidario de la independencia de Ucrania, N. del T.].

Viento del este sobre el nacionalismo ucraniano

En 1941, Mitrynga y sus hombres, al igual que otros «grupos expedicionarios» de la facción bandérista de la OUN recién constituida —de ahora en adelante solo hablaremos de ella—, partieron tras las huellas de las tropas alemanas hacia la Ucrania soviética. Regresó ya no como nacionalista, sino, tal y como él mismo se definía a partir de entonces, como «demócrata revolucionario». A partir de entonces, los partidarios de Mitrynga afirmaron que la OUN solo podría contar con apoyo en Ucrania oriental a condición de no promover ni la dictadura nacional —considerada allí como fascista— «ni siquiera un régimen democrático burgués, sino de abogar por la creación de un Estado ucraniano independiente de los consejos ».

Los consejos (radas/soviets), esa primera y única forma de democracia, hasta entonces, que las masas y los pueblos del Imperio ruso habían descubierto en su día, durante la revolución de 1917: consejos elegidos democráticamente y multipartidistas, antes de que sufrieran la bolchevización. Bajo el lema: «Solo en una Ucrania independiente defenderemos y profundizaremos los logros sociales de la Revolución de Octubre», los partidarios de Mitrynga abandonaron pronto la OUN. Se diferenciaron de ella hasta tal punto que, a excepción del propio Mitrynga, fallecido durante la guerra, todo su equipo directivo, exiliado tras la guerra, incluido Borys Levytsky [1915-1984, N. del T.] (que más tarde se convertiría en un colaborador cercano «muy valioso» de Jerzy Giedroyc [director del Instituto Literario Polaco de París entre 1946 y 2000, que apoyaba a la oposición democrática polaca y trabajaba en favor de un entendimiento polaco-ucraniano, N. del T.]), fundó junto con los marxistas ucranianos independentistas un partido común bajo el nombre, tan típicamente «mitrynguiano», de Partido Democrático Revolucionario Ucraniano (URDP).

Ni Mitrynga ni Stepaniak han sido objeto hasta la fecha de ninguna monografía, ni siquiera de una recopilación de sus escritos, ya que su pensamiento y su actividad política desconciertan profundamente a los historiadores, en particular a aquellos que practican una «política histórica ». Entre muchos otros hechos que se abordarán aquí, tampoco tienen en cuenta, por ejemplo, el dato señalado por Timothy Snyder y confirmado por Per Anders Rudling: que antes de la guerra, en Volinia, hubo una intensa cooperación entre la OUN y el KPZU, que se había mostrado sorprendentemente poco estalinista en esa región. En la Polesia voliniana, durante el verano de 1939, la organización comunista, que había sobrevivido a la disolución del KPZU (así como del partido polaco) por parte de Stalin, llegó incluso a formar con la OUN una organización militar conjunta de corta duración.

«El terror es una mala idea »

La gran diversidad de la OUN salió a la luz con ocasión del primer aniversario de la proclamación por parte de esta de una —efímera— soberanía ucraniana, inmediatamente después de la toma de Lviv por las tropas alemanas, en junio de 1941. La ofensiva alemana y la retirada de las tropas soviéticas vinieron acompañadas entonces de oleadas de pogromos antisemitas mortíferos, represiones contra los comunistas y actos de violencia contra los polacos. En una publicación oficial clandestina de la OUN se publicó un balance de los acontecimientos del año anterior, firmado con un seudónimo, en el que se criticaban severamente numerosas acciones de los nacionalistas. Parece ser que la crítica estaba tan extendida dentro de la OUN que la dirección consideró oportuno, incluso necesario, darle una salida controlada.

El autor, tras afirmar que «los sentimientos, como la venganza, no tienen nada que ver con una verdadera actividad política», condenó enérgicamente el terror contra «los polacos, los judíos y los ucranianos católicos romanos», así como contra los ucranianos «rusificados y polonizados en las grandes ciudades». «Por otra parte», señaló, «si alguien era comunista por convicción, había que convertirlo en nacionalista». «En cuanto a los judíos, mucho antes de la guerra se había establecido claramente el principio: nuestra actitud hacia ellos es extremadamente negativa, pero no participamos en ningún pogromo. A pesar de ello, ha habido casos en los que algunos elementos ucranianos políticamente inmaduros se han dejado arrastrar a acciones de pogromo». Dentro de la OUN, todos los miembros comprendían que, en realidad, no se trataba de «incidentes» ni de «elementos políticamente inmaduros» que se habían « dejado arrastrar», sino que se trataba de la voz de quienes denunciaban la participación activa y el papel de líderes de numerosos nacionalistas en los pogromos.

«Sin grandes terratenientes ni capitalistas, sin dictadura comunista»

En 1943, la OUN se encontró en una situación de crisis. En Galitzia, sus órganos de dirección atravesaban entonces profundas divisiones políticas. Muchos consideraban que permanecer en la clandestinidad era paralizante e ineficaz, y reclamaban embarcarse en la lucha armada. Mykola Lebed’ [1909-1998, N. del T.], que ejercía la presidencia interina enausencia de Bandera, encarcelado en Sachsenhausen, se oponía abiertamente a la idea de desencadenar una guerra de guerrillas. Ante las crecientes críticas, dimitió de su cargo. Este fue asumido —en el seno de una junta directiva ahora colegiada— por Roman Choukhevytch [1907-1950, N. del T.], representante del ala militar de la organización. Al mismo tiempo, soplaba un aire de cambios ideológicos procedente del Este. Los que habían sido enviados a la Ucrania soviética ocupada por los alemanes ampliaron las actividades de la OUN no solo a Kiev, sino incluso a los grandes centros industriales y obreros del Donbás. Desde allí, comenzaron a reclamar cambios ideológicos y programáticos.

«Abajo el lema “Ucrania para los ucranianos”», declaraban. Aquí la gente no lo acepta, lo consideran chovinista. Asocian el nacionalismo con el fascismo. Quieren «una Ucrania independiente, sin grandes terratenientes ni capitalistas, y sin la dictadura del Partido Comunista », con una democracia de consejos. No sirve de nada buscar aquí el apoyo de la antigua generación petliurista [Symon Petliura fue una figura del nacionalismo ucraniano, presidente del Directorio de la República Popular de Ucrania, de febrero de 1919 a octubre de 1920, N. del T.] ; hay que buscarlo en la generación joven, ya formada en la URSS, sobre todo entre la juventud más politizada del Komsomol (según el principio: «Si es comunista por convicción, hazlo nacionalista »). A esta generación se dirigen las ideas del comunista independentista Khvylovy, que se suicidó en 1933 en señal de protesta contra el Holodomor. Nos seguirán, en nombre de la idea de la independencia, pero con la condición de que se modificara el programa. Lo que Mitrynga había anunciado mucho antes se confirmó. El nacionalismo integral no tenía aquí ninguna posibilidad de ser apoyado y fue aquí donde la OUN lo rechazó. Tras la guerra, en el exilio, Lev Chankovsky [1903-1995, N. del T.] dedicaría un libro a esta experiencia; Yevhen Stakhiv [1918-2014, N. del T.] contaría extensamente y en repetidas ocasiones la suya, la del Donbás.

«El UPA se ha desacreditado »

Vassyl Kouk [1913-2007, N. del T.], enviado allí desde Galitzia, que ahora dirigía la red clandestina de la OUN en el sureste de Ucrania desde Dnipropetrovsk, apoyó las opiniones cada vez más insistentes de sus militantes. En agosto de 1943, su delegación en el III Congreso Extraordinario de la OUN exigió la adopción de un nuevo programa, cuyo borrador presentó. Los delegados de Volinia la apoyaron firmemente. El congreso votó que, en las filas de la OUN, «los campesinos, los obreros y la intelectualidad» luchaban:

— «por la liberación nacional y social», — por un Estado ucraniano «sin grandes terratenientes, sin capitalistas y sin comisarios bolcheviques», — « por la cesión gratuita a los campesinos de las regiones occidentales de Ucrania de todas las tierras de los grandes terratenientes, de los monasterios y de la Iglesia», — «para que la gran industria sea propiedad nacional y estatal, y la pequeña industria — cooperativa y comunal», — «por la participación de los trabajadores en la dirección de las empresas», — «por la libertad de prensa, de expresión, de pensamiento, de convicción, de religión y de visión del mundo», — «por la igualdad total entre mujeres y hombres», — «por el pleno derecho de las minorías nacionales a cultivar su propia cultura nacional», — « por la igualdad de todos los ciudadanos ucranianos, independientemente de su nacionalidad».

Se trataba de una resolución sin precedentes. Sobre el papel, derrocaba el nacionalismo integral en el seno de la OUN. Sobre el papel, pues fue precisamente en esa misma época cuando este alcanzó su punto álgido en Volinia.

Las masacres de Volinia

Klym Savour creó entonces, por iniciativa propia, el Ejército Insurreccional Ucraniano (UPA) en Volinia y proclamó que su cuartel general constituía la máxima autoridad insurreccional para toda Ucrania. Integró a la OUN en la UPA como su aparato político, la relegó al rango de organización de retaguardia y la disolvió dentro de sus estructuras. En otras palabras, la OUN perdió en Volinia su supremacía política sobre el movimiento nacionalista, mientras que Klym Savour y la UPA, que le estaba subordinada, dejaron de depender de hecho de la dirección central de la organización.

La situación «dentro del bando nacionalista era muy complicada: la OUN de Volinia liquidó a la OUN en el plano organizativo», relatará Levytsky, «la OUN “oriental” liquidó a la OUN en el plano ideológico, reorientando toda su mentalidad e ideología hacia nuevos caminos, mientras que la OUN de Galicia, en medio de las disputas, también buscaba, de hecho, algo nuevo», pero «desanimada y oportunista, seguía cociendo a fuego lento, como de costumbre, en su propio caldo».

En julio de 1943, la dirección de la OUN publicó un llamamiento a los polacos, proclamando que «el destino común que nos ha unido y nuestra lucha contra los invasores de Berlín y Moscú por nuestros propios Estados exigen un acuerdo entre ambas naciones», que, sobre la base de un «frente común de lucha de todas las naciones oprimidas», dicho acuerdo debía garantizar «Estados nacionales libres para los pueblos ucraniano y polaco en sus territorios etnográficos».

Sin embargo, entretanto, Klym Savour, actuando de nuevo por su cuenta, lanzó una «acción antipolaca» —una purga étnica mortífera, calificada por los historiadores polacos como la «masacre de Volinia» [cuyo punto álgido se situó en julio-agosto de 1943, N. del T.]. Cuando la noticia de esta «acción antipolaca» llegó a Galitzia, en el seno de la dirección central —ya muy desorientada respecto a lo que estaba ocurriendo en Volinia—, Lebed’ y Stepaniak consideraron que «la UPA se había desacreditado con sus acciones criminales contra la población polaca». Se encontraban en minoría, ya que adoptar tal postura habría conllevado inevitablemente una escisión con los nacionalistas de Volinia.

Un marxista en la dirección de la OUN

Mykhaylo Stepaniak [1905-1967, N. del T.], «chumskista», había sido militante del Partido Comunista de Ucrania Occidental, del que se había separado en la década de 1930 debido a sus posturas radicalmente antistalinistas e independentistas. Lo había hecho en circunstancias muy particulares, tal y como relatará su amigo Levytsky. Cuando, en 1936, en su ciudad natal de Berejany, unos nacionalistas asesinaron a un militante campesino «chumskista», «anticipándose (o tal vez ejecutando) la sentencia de muerte dictada contra este comunista fiel a Ucrania por agentes estalinistas», Stepaniak, «que sufría trágicamente la falta de visión de los militantes nacionalistas, decidió unirse a su organización para ejercer influencia desde dentro y orientar correctamente su lucha ».

Como abogado, defendía a los nacionalistas ante los tribunales polacos y colaboraba con ellos, sobre todo en sus escuelas de formación, impartiendo conferencias sobre la NEP soviética, sobre la naturaleza del régimen estalinista y sobre su dominio en Ucrania. Durante la primera ocupación soviética, se unió a la OUN. Rápidamente incorporado a la dirección, gozaba de gran autoridad entre los nacionalistas. Elaboraba proyectos para la construcción de un Estado y, como hábil negociador, llevaba a cabo, en nombre de la OUN, conversaciones, en particular con el metropolitano de la Iglesia greco-católica ucraniana André Cheptytsky y con el Ejército del Interior polaco. Junto con Vassyl Moudry, vicepresidente ucraniano del Parlamento polaco de antes de la guerra, se esforzó por reunir a los círculos independentistas ucranianos en torno a un proyecto destinado a crear una institución suprapartidista, que Shukhevych, Moudry y otros fundaron más tarde [en julio de 1944, nota del traductor], sin su participación, bajo el nombre de Consejo Supremo Ucraniano de Liberación (UHWR).

Estaba convencido de que, aunque, como él mismo decía, la OUN se había «desacreditado» por su anterior colaboración con la Alemania nazi, era la única fuerza política sobre la que se sustentaba la posibilidad de construir una nueva organización independentista revolucionaria a la que él aspiraba. Seguía siendo marxista. Dentro de su dirección, abogaba por la disolución de la OUN, la creación de una nueva organización y la preparación de un levantamiento armado contra el ocupante alemán, de tal forma que estallara antes de la entrada del Ejército soviético en Ucrania occidental. Su razonamiento respecto al levantamiento era similar al que adoptarían el coronel Jan Rzepecki y el general Leopold Okulicki cuando militaban en el cuartel general del Ejército del Interior para desencadenar la insurrección de Varsovia [1 de agosto — 2 de octubre de 1944, N. del T.]. En cambio, se oponía, al igual que Lebed’, a la creación de la UPA y a los planes de guerra de guerrillas en la retaguardia de las fuerzas soviéticas, una vez que estas hubieran entrado en el territorio, pues consideraba que tal guerra era imposible de llevar a cabo.

«Masacres recíprocas a gran escala»

Fue él quien, tras la dimisión de Lebed’, convenció a la dirección para que eligiera a Roman Choukhevytch como nuevo presidente. Este último, sin embargo, se apartó del plan de preparación de la insurrección, que antes contaba con el apoyo de la dirección, y se pronunció a favor del refuerzo de la UPA, lo que, en realidad, supuso su apoyo a Klym Savour. Stepaniak era partidario de entablar negociaciones con los «mitrynguistas» sobre su reincorporación a la OUN. Estos planteaban una serie de condiciones: exigían una crítica a los principios ideológicos de la OUN, así como a toda la política llevada a cabo hasta entonces; que se tomara distancia respecto a la «acción antipolaca» de la UPA; que se sancionara a los culpables de dicha «acción»; que se renunciara al nacionalismo y que se cambiara el nombre de la organización.

Poco después, sobre todo debido a sus esfuerzos —tan tenaces como infructuosos— por alcanzar un acuerdo con las fuerzas políticas polacas, con las que se esforzaba incansablemente por dialogar, Stepaniak entró en conflicto con Shukhevych. Cuando, en octubre, este último se desplazó a Volinia para alcanzar un acuerdo con Klym Savour, Stepaniak, en su ausencia, convenció a la dirección de la OUN para que publicara un comunicado sobre las masacres de Volinia. Lebed’ se mostró a favor. En dicho comunicado, difundido en Galitzia en forma de cartel, se denunciaban —sin mencionar, por supuesto, a la UPA— las «masacres recíprocas» en Volinia. En él se afirmaba que habían tenido lugar porque «tanto en el bando polaco como en el ucraniano había elementos» que, bajo la influencia alemana y soviética, «se habían dejado arrastrar por una causa ajena» y que « todos los actos de terror arbitrarios, independientemente de su procedencia», se consideraban «obra de agentes extranjeros» y que la OUN «los combatiría con determinación».

Extender la limpieza étnica a Galicia

Shukhevych regresó de Volinia en diciembre tras haber llegado a un acuerdo con Klym Savour. Acordaron que, en su calidad de presidente de la OUN, el primero asumiría también el cargo de comandante en jefe de la UPA, mientras que Klym Savour, hasta entonces comandante en jefe, seguiría al frente de la UPA de Volinia. De este modo, Shukhevych había eliminado la amenaza de una disidencia en Volinia. A cambio de mantener la unidad de la OUN, bajo la presión de Klym Savour, había aceptado involucrar a la Autodefensa Popular Ucraniana (UNS) de Galitzia, que también acababa de adoptar el nombre de UPA, en una «acción antipolaca» en su territorio. Es cierto que mostró cierta moderación en este ámbito en comparación con lo que ocurría en Volinia, pero eso no cambia nada en el fondo: ordenó extender la purga étnica a Galitzia.

Había considerado censurable la publicación, en su ausencia, del comunicado sobre los acontecimientos de Volinia que, aunque atribuía formalmente la responsabilidad a ambas partes y no mencionaba a la UPA, constituía en realidad un acto de distanciamiento respecto a la «acción antipolaca ». Arremetió contra Stepaniak en represalia: ordenó a la gendarmería de la UPA que se lo llevara a Volinia —a él, que hasta hacía poco había sido el jefe de la OUN en Galitzia— para someterlo allí a una reeducación política. Fue un error por su parte. De hecho, Stepaniak pronto se alió allí con Vassyl Kouk, que había regresado del este de Ucrania ante el avance del Ejército soviético, así como con Yakiv Boussel [1912-1945, N. del T.], que dirigía en Volinia el aparato político de la OUN, ahora integrado como servicio político en el mando de la UPA de Volinia. Boussel era partidario de las ideas de los «mitrynguistas» y era, en realidad —aunque hasta entonces de forma discreta—, un opositor de Klym Savour.

Resultó que Kouk y Boussel compartían la misma visión que Stepaniak respecto a la «acción antipolaca», lo que ya los había acercado, y que tenían, en general, opiniones ideológicas muy similares. Este trío, por primera vez en la historia de la OUN, formó el núcleo duro de un ala izquierda, hasta entonces dispersa e invisible. Pretendía «revertir la tendencia dominante»: en la línea del cambio programático que ya se había producido formalmente, profundizarlo y radicalizarlo y, de manera más general, reorientar lala OUN hacia una nueva vía, disolviéndola para crear en su lugar una nueva Organización Popular Revolucionaria de Liberación.

Se forma el ala izquierda

Ya en enero de 1944, Klym Savour nombró a Boussel su primer adjunto, encargado, en su ausencia, de asumir todas sus funciones y de dirigir tanto la UPA como la OUN en Volinia. Boussel dio de inmediato instrucciones a los responsables políticos sobre el terreno que estaban bajo su mando: tras la entrada de las tropas soviéticas, «la orientación política de nuestro trabajo será, desde el principio, contraria al régimen. Dirigir toda la propaganda contra Stalin y el NKVD —contra el régimen—. La tarea del momento será integrar al elemento ruso en la lucha contra el bolchevismo. Lo hacemos difundiendo nuestra idea: “Libertad para los pueblos y para el hombre» —proclamamos y llevamos a cabo la lucha contra el imperialismo bolchevique, y no contra el pueblo ruso». No contra el pueblo ruso —de acuerdo con la orientación general de abandonar el nacionalismo integral.

Cuando, en primavera, en Volinia, la línea del frente separó a Klym Savour de las fuerzas principales de la UPA y este perdió el contacto con ellas, lo primero que hizo Boussel fue retirar a Doubovy el mando del distrito militar «Zahrava» (uno de los tres distritos de la UPA en Volinia) y apartarlo pura y simplemente de toda actividad militar. Anteriormente, Boussel había exigido en vano a Klym Savour que tomara esta medida. Grzegorz Motyka [historiador polaco, especialista en la «masacre de Volinia », N. del T.] destaca que Doubovy ejercía una gran influencia en las decisiones relativas a la «acción antipolaca», que fue, junto con Klym Savour y Sonar (por entonces ya fallecido), uno de los tres que tomaron la decisión, y que el 40 % de los polacos asesinados hasta junio de 1943 en Volinia habían encontrado la muerte en su territorio.

John-Paul Himka [historiador estadounidense-canadiense de origen ucraniano, N. del T.] confirma que la región comandada por Doubovy «se caracterizaba por unos asesinatos más sistemáticos que en otras regiones». Como se puede constatar, Doubovy asumía ahora, junto al propio Klym Savour, la mayor responsabilidad en la limpieza étnica, incluidas las grandes masacres perpetradas en la ciudad obrera polaca de Janowa Dolina y en la base de autodefensa polaca de Huta Stepańska. El alcance político de esta medida de Boussel —y, en realidad, de todo el trío— era considerable: iba dirigida contra Klym Savour, incluida su «acción antipolaca».

La Organización Revolucionaria Popular de Liberación (NVRO)

A mediados de julio de 1944, bajo la ocupación soviética, Kouk, Boussel y Stepaniak convocaron un congreso que reunió a diez militantes en las cercanías de Derman, con motivo del cual se publicó especialmente el folleto de Stepaniak *En la nueva realidad*, cuyo texto íntegro se difundió (solo se habían publicado extractos en la revista de la OUN *Ideya i Tschyn*). Tras presentar un análisis en profundidad de la naturaleza de la Unión Soviética como «maquinaria estatal del imperialismo ruso-bolchevique y defensora de los intereses de dicho imperialismo, es decir, de la opresión y la explotación del hombre y de las naciones», Stepaniak afirmaba que «preparar y llevar a buen término la revolución ucraniana equivale a preparar y llevar a buen término la revolución en toda la URSS». Esto significa, por un lado, que «salir del aislamiento ucraniano para entrar en la amplia arena de la revolución en toda la URSS es una necesidad histórica», y, por otra parte, que es necesario construir una «organización política revolucionaria», capaz de asumir «la enorme tarea histórica de desempeñar el papel de organizadora y líder de la revolución».

No se puede, continuaba Stepaniak, llevarla a buen término «únicamente mediante una insurrección armada de nuestra organización, de la UPA y de organizaciones similares de otras naciones». Porque para que sea victoriosa, «todo el pueblo debe levantarse a luchar, todas sus fuerzas deben movilizarse», por lo que es necesario «revolucionar plenamente el actual Ejército Rojo, desmantelar la administración del Estado y llevar a toda la masa de soldados, así como a los mejores comandantes y funcionarios administrativos —aquellos que no han sido desmoralizados por el régimen y que son fieles al pueblo —, a sumarse a la revolución. Solo así todo el pueblo podrá tomar las armas y dirigirlas con éxito contra su enemigo acérrimo». A este respecto, hay que «luchar sin tregua contra la tendencia a limitar la totalidad de nuestro trabajo revolucionario al campo», pues «en la historia de los movimientos revolucionarios, hasta ahora nunca ha habido un caso en el que un derrocamiento revolucionario se haya llevado a cabo desde el campo y en el que las ciudades se hayan conquistado partiendo del campo». Las ciudades de Ucrania estaban fuertemente rusificadas o polonizadas. Era imperativo extender allí el trabajo político revolucionario y esforzarse por ganarse al mayor sector posible de la población urbana.

Durante el congreso, se creó la Organización Revolucionaria Popular de Liberación (NVRO) en sustitución de la OUN, con el trío antes mencionado al frente, bajo la presidencia de Kouk. La NVRO aspiraba a dirigir la revolución en toda la URSS, al considerar indispensable la participación del propio pueblo ruso en la misma. Stepaniak cayó pronto en manos del NKVD. Tres semanas después del congreso, apareció Klym Savour. En apariencia, se había resignado a la situación: era la NVRO, y no la OUN, la que operaba en Volinia. Cuando Shukhevych y Kouk, junto con sus hombres, se encontraron en el mismo lado de la línea del frente y reanudaron el contacto, ambas partes se reunieron a finales de otoño. Durante la reunión, Klym Savour impuso la disolución de la NVRO y el regreso de sus militantes y estructuras a la OUN.

A cambio, Kouk y Boussel lograron que, a partir de entonces, la OUN se ciñera realmente, en la práctica, al programa de 1943, algo que, hasta entonces, no resultaba en absoluto evidente por parte de Shukhevych y sus hombres. Esto cobrará toda su importancia cuando se compruebe que, desde el extranjero, Bandera se oponía a dicho programa. Pero su postura fue rechazada y, en 1950, la OUN clandestina en el país completó su programa: al afirmar que se «oponía al retorno al sistema capitalista y latifundista», garantizó que, en una Ucrania independiente, el régimen político sería la democracia, incluida «la libertad de las organizaciones políticas y sociales».

Habrá democracia en una Ucrania independiente

En el exilio, en los años de la posguerra, Levytsky escribirá (cursiva en el original):

«El carácter transitorio de la OUN dividida [entre banderistas y melnykistas] estaba vinculado, en los años 1940-1944, no solo al carácter contradictorio de la ideología de la OUN-B. De ese carácter aún indefinido se derivan también sus desconcertantes tácticas y su práctica política de aquellos años. Esa práctica de la OUN es el resultado de la suma de enormes contradicciones, en las que los actos más nobles de los que el hombre puede ser capaz iban de la mano del crimen común, el fratricidio y el terror. La heroica resistencia frente al ocupante iba de la mano de actos que manchan el honor de los ucranianos. Se trata de hechos que no se pueden ni silenciar ni borrar de nuestra historia reciente. Sin embargo, hay que comprender que esta práctica se derivaba de la estructura ideológica heterogénea de la OUN, de su carácter globalmente transitorio. De ahí procedía elel componente humano heterogéneo dentro de la OUN: los fanáticos nacionalistas primitivos, educados según los antiguos decalogos, se sentían «a gusto» junto a personas completamente nuevas, que habían crecido al amparo de las nuevas ideas. A lo largo del proceso de desarrollo histórico, estos nuevos elementos llenaron por completo las filas del movimiento de liberación ucraniano».

Aunque no poseía una visión política de la envergadura de la de Stepaniak, Boussel, con el apoyo de Kouk, formó y promovió a estas nuevas figuras. Tras la muerte de Boussel a manos de la NKVD en 1945 —seis meses después de la de Klym Savour—, esta tarea la asumió Kouk, por entonces ya vicepresidente de la OUN, y posteriormente, tras el asesinato de Choukhevytch a manos del NKVD en 1950, como último presidente, hasta su captura por los soviéticos en 1954. Fueron estos recién llegados —como Petro Fedún «Poltava» [1919-1951, N. del T.] y Osyp Diakiv «Hornovy» [1920-1950, N. del T.], jóvenes nacionalistas revolucionarios democráticos— quienes llevaron a cabo una profunda transformación ideológica de la organización. Poltava, como responsable del aparato ideológico, prohibirá, con el apoyo de la dirección, el uso en los cursos de formación y la reedición por parte de las editoriales clandestinas de todo lo que la OUN había publicado antes de 1944, con la única excepción de la resolución programática de 1943.

«Nuestra visión del mundo de los años 1929-1939 », es decir, el nacionalismo integral, explicará, «ya había fracasado en la época en que, en las cárceles polacas, se nos prohibía debatir con los comunistas, pues estos nos aplastaban con sus argumentos, y fracasó aún más en 1941, cuando partimos hacia el Este». En el debate interno en curso sobre el cambio de nombre de la organización y la supresión de toda referencia al nacionalismo —lo que requeriría la convocatoria de un congreso de delegados, imposible de organizar en la clandestinidad—, abogará por el mantenimiento del nombre histórico, pero añadiendo imperativamente una precisión. Este quedaría entonces así: «Organización de los nacionalistas ucranianos — Independencia, Democracia, Socialismo».

En el gulag y desde el gulag, Stepaniak se esforzará con tenacidad, durante más de una docena de años, por construir la NVRO. «Las ideas de Stepaniak», se lee en un informe del KGB sobre su actividad política en el gulag, «son compartidas por los antiguos dirigentes de la OUN en el campo de trabajo correccional de Vorkuta».

¿De dónde viene el crimen?

«Existe en la historia humana algo que se asemeja al castigo; y es una regla del castigo histórico que sus instrumentos no sean forjados por los ofendidos, sino por los propios ofendedores». ¿Quién escribió esto? ¿Jacek Kuroń, refiriéndose a las controversias históricas entre Polonia y Ucrania? Realmente se podría confundir. No, es Marx: «Los excesos cometidos por los cipayos amotinados en la India son, en verdad, horribles, espantosos, inefables», proseguía, pero «por muy infame que sea la conducta de los cipayos, no es más que un reflejo concentrado de la conducta de Inglaterra en la India».

Cuando, a mediados del siglo XIX, los cipayos —soldados indios de los ejércitos coloniales ingleses— volvieron sus armas contra sus oficiales, también masacraron a miles de civiles ingleses y angloindios, incluidas mujeres y niños. Como combatientes de la primera guerra de independencia de la India, figuran en el panteón nacional indio. Por mi parte, presento así estos casos, de los que la historia está repleta: si el movimiento de liberación de un pueblo oprimido comete crímenes contra el pueblo dominante, la causa es la opresión nacional, y no la voluntad de liberarse de ella.

* Este artículo se publicó el 22 de agosto de 2026 en la revista semanal del periódico polaco Gazeta Wyborcza, en la sección «Adam Michnik recomienda». Nuestra traducción del polaco, revisada por el autor.

Zbigniew Marcin Kowalewski estudia los movimientos revolucionarios y de liberación. Sus últimas obras en polaco son *Rap. Entre Malcolm X y la subcultura de las bandas. La Nación del Islam en la América negra* (2020), *Las revoluciones ucranianas* (2023, en francés en 2025) y *No es un país para hombres libres. El caso polaco en la revolución haitiana (2024). Desde la década de 1980, sus diversos ensayos y estudios sobre la historia de la OUN y la UPA se han publicado en inglés, español, francés, polaco y ucraniano.

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