Miles de personas, sobre todo de la juventud, que acudieron a la manifestación en la Avenida Paulista el último domingo, en defensa de la candidatura de Lula, lo hicieron por la disposición visiblemente instalada para derrotar a la extrema-derecha. Esta fuerza social se reveló determinante para la aprobación en el Senado de la PEC, que extinguió la escala 6x1, en los días siguientes. No obstante, desde el alto del vehículo con altavoz, Lula canalizó una vez más esa energía hacia los intereses pragmáticos de la Frente Ampla.
La expresión simbólica de ello no podría provenir de otro político en el podio que del ex-gobernador tucano de São Paulo, Geraldo Alckmin. El mismo lugar donde discursaba, hace poco tiempo, fue escenario de las acciones violentas de su policía contra estudiantes adolescentes y profesores. Además, el lector de Esquerda Diário conoce bien todo su currículum. No obstante, el paradojo de hoy es mostrar que, incluso cuando Alckmin ambiciona ser "democrático", deja visible su esencia reaccionaria. Este es, sin duda, uno de los factores que explica cómo la extrema-derecha se fortaleció durante los 4 años de su gobierno con Lula.
Por lo menos, su discurso nos permite hacer una analogía histórica con la primera experiencia fascista en Brasil en la década de 1930 y, por esta vía, extraer lecciones concretas para las batallas de hoy. En el micrófono, Alckmin gritó: "-São Paulo no quiere dictadura. Nuestro ídolo no es el coronel Ustra. Nuestros ídolos son los estudiantes que murieron en la dictadura: Martins, Miragaia, Dráusio y Camargo."
El MMDC, el levantamiento paulista de 1932 y el crecimiento de la AIB
¿Cuál es la broma? Los estudiantes citados por Alckmin no murieron en la Dictadura Militar del torturador Ustra, sino que fueron los mártires en las manifestaciones de mayo de 1932, que preconizaron el levantamiento armado de la burguesía paulista en el mismo año. A diferencia de ser una "revolución constitucionalista", como les gusta afirmar de forma unánime todas las liderazgos de la derecha, la tradicional y la bolsonarista, nada más fue que una reacción del estado al perder su hegemonía en la federación hacia la fracción de la burguesía liderada por Getúlio Vargas. La muerte de los cuatro jóvenes dio origen no solo a calles y monumentos en la ciudad, sino que también en ese momento resultó en la formación de la organización civil secreta MMDC, que operó como un brazo paramilitar de la Frente Única Paulista (FUP), compuesta por el PRP y el PD, partidos que representaban los intereses de la oligarquía cafetera tradicional y sus disidentes.
Con la derrota definitiva de la burguesía paulista por las tropas militares del Gobierno Provisorio de Vargas, muchos ex-combatientes del levantamiento, principalmente de la élite agraria, decidieron reorganizarse a través de las banderas autoritarias del integralismo.
Semejanzas y diferencias del Integralismo y el PL
La crisis de hegemonía abierta en ese momento tuvo aspectos muy similares a la actual. Entre 1932 y 1934, la AIB de Plínio Salgado pasó por un crecimiento significativo, también impulsado por la ascensión del nazifascismo en Europa. Los 40 miembros que participaron de la primera aparición pública de la organización, en 1933, se convirtieron en casi 200 mil apenas después de las elecciones constituyentes de 1934.
Naturalmente, al hacer comparaciones históricas de este tipo, es necesario identificar no solo las semejanzas, sino también las diferencias. Aunque el Integralismo de ayer y el ala de extrema-derecha albergada en el PL de hoy operen en el espectro ultraconservador, ambos poseen características estructurales distintas. La AIB defendía un modelo de Estado Corporativo, adaptando el fascismo italiano al territorio nacional como un movimiento centralizado y abiertamente antidemocrático. Esto difiere de la actual coalición electoral del PL que, aunque moviliza temas reaccionarios, actúa en el interior del régimen democrático-burgués y adopta una agenda económica centrada principalmente en atender a los intereses neoliberales.
El PL de Valdemar da Costa Neto no nació bolsonarista. Nació del fisiologismo partidario del centrão, ya albergó incluso al primer vicepresidente de Lula, José Alencar, y ahora recibe el fenómeno social del bolsonarismo. La AIB, por su parte, tiene un origen inspirado directamente en el régimen de Mussolini. Es decir, hablamos aquí de dos variantes de la extrema-derecha, que derivan de la crisis orgánica, pero corresponden a una etapa específica de la lucha de clases. Hasta noviembre de 1937, la AIB tuvo una relación de conveniencia mutua con el Gobierno Vargas, siendo la gestación del Plano Cohen el clímax de esa convergencia de intereses. A través del fuerte sentimiento anticomunista propagado por los integralistas, Vargas logró inflar el pánico en la sociedad para contener a la izquierda, pavimentando el golpe del Estado Novo.
La acción más conocida de la FUA, inmortalizada en el libro de Abramo, se conoció como El Vuelo de las Gallinas Verdes, en referencia a los atuendos verde oliva de los 8.000 integralistas, que se dispersaron en la Praça da Sé el 07/10/1934, cuando prevaleció la disciplina obrera de las organizaciones sindicales y partidarias de izquierda. La contra-manifestación impulsada por los trotskistas fue victoriosa y marcó un golpe profundo en la imagen «viril e inquebrantable» que Plínio Salgado proyectaba para la AIB. Se estancó su crecimiento y pasó un largo período hasta realizar una manifestación pública nuevamente.
La lucha antifascista de los trotskistas en Brasil
Todo esto significa decir que el ascenso integralista era una amenaza concreta, en medio de la inestabilidad geopolítica y las acciones de la clase trabajadora, en el calor reciente de la revolución rusa. Mientras, por un lado, el PCB pasaba por numerosas crisis en su dirección ante las orientaciones de Moscú, por otro lado, los trotskistas ganaban posiciones en las luchas políticas internas y en el movimiento obrero, en particular en el sindicato de los gráficos de SP, a partir de la fuerte huelga de 1929.
La LCI, alineada con la Oposición de Izquierda Internacional (antecesora de la IV Internacional), se constituyó como una organización independiente del PCB, en octubre de 1933, resultado de cuatro factores estratégicos fundamentales: a-) la capitulación del estalinismo al nazifascismo, bajo la orientación sectaria del III período por la Internacional Comunista (IC); b-) la elaboración de las tesis fundacionales de Mário Pedrosa y Lívio Xavier sobre la formación del capitalismo brasileño; c-) la conquista del sindicato de los gráficos de SP, tras las derrotas en las huelgas dirigidas por el PCB; d-) y el llamado a una coalición de izquierdas en la Frente Única Antifascista (FUA), a partir de las publicaciones del periódico O Homem Livre.
El PCB, sumido en crisis políticas y directrices sectarias, se negó a participar en la FUA. En contrapartida, la Liga Comunista (LCI) obtenía importantes éxitos con su política de frente único, reclutando nuevos cuadros y reuniendo en la coalición diversos sindicatos y organizaciones obreras de izquierda, como los socialistas y corrientes anarquistas. Mário Pedrosa y Fúlvio Abramo estaban entre los principales organizadores de O Homem Livre, vehículo que se convirtió en el portavoz oficial de la organización y donde se divulgó el manifiesto de la FUA al pueblo brasileño:
«El fascismo significa miseria, opresión, deshonra de las conciencias. Comienza por destruir todas las organizaciones del proletariado y acaba por convertirse en el señor absoluto, «integral», que no respeta ideologías, que no admite divergencias. Ni comunistas, ni socialistas, ni anarquistas, ni demócratas podrán existir bajo su yugo.» (O HOMEM LIVRE, 1933, p. 6)
Cada nuevo mitin, la influencia de la LCI presionaba aún más la lucha política interna en el PCB. En São Paulo, la militancia del Comité Regional —que más tarde pasaría a ser liderado abiertamente por Hermínio Sacchetta— sufría fuerte atracción por la táctica unitaria, culminando en la ruptura de la directriz nacional del partido para combatir a los integralistas junto con la FUA en 1934. El movimiento antifascista crecía en otras capitales de Brasil, como Río de Janeiro y Belo Horizonte, enfrentando la brutal represión policial del gobierno Vargas, que sofocaba a las liderazgos de la coalición con prisiones sucesivas.
La acción más conocida de la FUA, inmortalizada en el libro de Abramo, se conoció como El Vuelo de las Gallinas Verdes, en referencia a los atuendos verde oliva de los 8.000 integralistas, que se dispersaron en la Praça da Sé el 07/10/1934, cuando prevaleció la disciplina obrera de las organizaciones sindicales y partidarias de izquierda. La contra-manifestación impulsada por los trotskistas fue victoriosa y marcó un golpe profundo en la imagen «viril e inquebrantable» que Plínio Salgado proyectaba para la AIB. Se estancó su crecimiento y pasó un largo período hasta realizar una manifestación pública nuevamente.
Además, el resultado del conflicto fue determinante para la relación de fuerzas de la coyuntura de la época. Vale recordar que Vargas, en ese momento, ya iniciaba su diplomacia de negociación política y económica con las naciones que vendrían a componer el Eje y los Aliados, al amparo de la Segunda Guerra Mundial. La desarticulación de la AIB (Acción Integralista Brasileña) impuso límites concretos al ascenso más decisivo del fascismo en Brasil.
Un pequeño ejemplo de la dimensión estratégica de la Frente Única obrera defendida por Trotsky, en Francia, Alemania e Italia contra el ascenso del nazifascismo. Países donde los conflictos fueron muy duros y que realzaron negativamente los errores cometidos por la orientación estalinista. La respuesta de la IC a ellos fue un giro hacia el extremo opuesto de la línea ultraizquierdista, adoptando invariablemente la táctica del Frente Popular, que orientaba a los PC's a realizar una alianza de clase con la burguesía para combatir las dictaduras y gobiernos bonapartistas.
De Frente Popular a Frente-Ampla
Esa fórmula de conciliación de la Frente Popular será el legado del estalinismo clásico, posteriormente asimilado por la socialdemocracia y partidos como el PT, y cobra un precio alto en los días de hoy. En ella, se renuncia a la independencia de clase, en cualquier enfrentamiento con la extrema derecha. Mientras que la burocracia sindical pacifica a los trabajadores, toda la derecha tiene las puertas abiertas para entrar en la Frente Ampla, por intereses específicos y ajenos a las aspiraciones democráticas y económicas de la clase trabajadora.
Durante los cuatro últimos años del gobierno de Lula-Alckmin esto se manifestó por completo. Las reformas neoliberales de Temer y Bolsonaro fueron integralmente preservadas. Haddad comandó una oficina en Faria Lima con el Marco Fiscal, imponiendo techos en salud, educación y avanzando en las privatizaciones. El PR de Tarcísio y el PP de Derrite tuvieron sus asientos ministeriales garantidos en el Palacio del Planalto. Y cuando llega a las elecciones, se ofrece al trabajador una única salida, el voto, y aún condicionado al apoyo político a ese proyecto, que ya dio innumerables pruebas, la más reciente en la primera vuelta, de ser un emprendimiento fracasado para derrotar al bolsonarismo.
Por eso es, en este contexto, más que oportuno rescatar la memoria de la clase trabajadora. Se trata, sobre todo, de sacar conclusiones que preparen el verdadero combate, y no hacer súplicas vergonzosas a la derecha tradicional, como el MBL. La fuerza de la juventud y de la clase trabajadora que ya ha demostrado ser capaz de dispersar a las "galinhas verdes", tiene las más plenas condiciones de ahora poner en fuga a los "patos amarillos".
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