Miembros de la junta del Sindicato de Pintores del Gran Copenhague enarbolan la bandera roja y critican duramente a la dirección de su propia organización nacional.
Lo hacen antes del congreso del Sindicato de Pintores de Dinamarca (Malerforbundet), que comienza el miércoles 21 de octubre. Entre las propuestas decisivas figuran suprimir la caja de resistencia como fondo independiente y someter las secciones locales a un mayor control de la dirección nacional sobre sus finanzas y las expulsiones de afiliados.
Temen que el poder quede concentrado en la dirección y el personal de la sede, lejos de la afiliación en las obras. La organización podría perder contacto con un oficio presionado por la mano de obra extranjera mal pagada, el desgaste físico y la salida de afiliados hacia los sindicatos «amarillos».
Solidaritet ha hablado con tres delegados sobre los problemas del sindicato y el papel y el futuro del movimiento obrero.
Renunciar al arma de la huelga
Los pintores de construcción Lasse Bertelsen y Anders Engberg Christiansen, miembros de la junta del sindicato del Gran Copenhague, han decidido hablar públicamente junto con Gerd Moss Christensen para advertir de un rumbo que consideran desastroso.
«Nunca habíamos tenido tan pocos afiliados y tanto personal contratado en el sindicato. Sin embargo, los resultados de la negociación colectiva son malos. Y ahora quieren limitar nuestra capacidad de hacer huelga», dice Anders Engberg Christiansen.
Él sacude la cabeza mientras los demás alrededor de la mesa asienten.
«Salarios bajos, desgaste físico, menos afiliados. ¿Y la respuesta? Menos influencia para las bases. ¿No es precisamente ahora cuando debemos reforzar la caja de resistencia?», pregunta Bertelsen.
La caja de resistencia es un punto central del congreso, que se celebra del 21 al 24 de octubre. La dirección propone suprimirla como fondo independiente para poder destinar sus recursos al funcionamiento ordinario. En su lugar, se reservaría dinero suficiente para pagar ayudas de huelga durante tres semanas, por un importe equivalente a la prestación por desempleo.
Los tres pintores temen que el sindicato quede peor preparado para un conflicto prolongado o un cierre patronal.
«Nos diferencia de los sindicatos amarillos que podemos hacer huelga y firmar convenios colectivos. Es nuestra arma, nuestra defensa y nuestra razón de ser», afirma Gerd Moss Christensen.
Un sindicato con la mitad de afiliados
Bertelsen avivó el debate a principios de octubre con una entrada en el blog de Arbejderen, donde criticó duramente las reformas propuestas de los estatutos y las normas sindicales.
La crítica principal es que los cambios concentrarían el poder en la dirección nacional y debilitarían la influencia democrática de la afiliación y las secciones locales.
El Sindicato de Pintores ha perdido más de la mitad de su afiliación desde 2010 y ahora cuenta con unos 4.000 miembros, sin incluir a aprendices ni pensionistas.
Bertelsen vincula la pérdida de afiliados con la presión sobre el sector tras la ampliación de la UE hacia el este, los bajos salarios y unas condiciones de trabajo que deterioran la salud.
Los pintores defienden otro rumbo: más democracia sindical, mejor organización en los centros de trabajo, más personal sindical visitando las obras, un uso más activo de las huelgas y la caja de resistencia, y límites salariales y de mandato para los dirigentes elegidos.
El conflicto gira en torno a 113 propuestas de reforma de los estatutos.
Según los críticos, las reformas darían a la dirección nacional un mayor control sobre las finanzas de las secciones, limitarían su autonomía y dificultarían presentar candidaturas para disputar los cargos en las elecciones del congreso. También cambiarían las normas de expulsión, aumentarían la influencia de la dirección ejecutiva en la junta nacional, restringirían las reuniones presenciales de la juventud sindical y facilitarían la intervención en las secciones locales.
La sombra del norte de Jutlandia
Otro asunto central es el cierre de la sección del norte de Jutlandia en febrero de 2026.
Se decidió cerrar toda la sección y trasladar su afiliación a otras secciones sin debatirlo en una asamblea general local.
La disputa entre el antiguo presidente de la sección y la dirección nacional sobre las decisiones financieras y la interpretación de los estatutos sigue tratándose por la vía jurídica. El caso continúa alimentando la desconfianza entre las bases y la dirección.
Los críticos temen que las reformas estatutarias permitan repetir estas intervenciones sin vulnerar las propias normas del sindicato.
«Entonces podrán volver a cerrar una sección con la que discrepen políticamente», dice Bertelsen a Solidaritet.
Temen que sea más difícil captar y retener afiliados si las secciones pierden el control de sus fondos y la libertad para decidir sus actividades.
«No tiene sentido ir a la asamblea general si la dirección nacional lo decide todo», sostiene Gerd Moss Christensen.
Un oficio bajo presión
Una investigación del Centro Nacional de Investigación del Entorno Laboral sitúa a los pintores entre las ocupaciones con mayor carga física en Dinamarca.
Un análisis del Consejo Económico del Movimiento Obrero muestra que el sindicato capta con éxito a jóvenes durante su formación, pero después vuelve a perder afiliados.
Solo alrededor del 30 % de los pintores de Dinamarca están afiliados al sindicato.
En el sector abundan los contratos temporales. Los trabajadores extranjeros se marchan de Dinamarca y del sindicato. Otros cambian de oficio o se jubilan anticipadamente por el desgaste físico, lo que también reduce la afiliación.
Para los tres pintores entrevistados por Solidaritet, estos problemas están estrechamente relacionados.
Hay que organizar mejor a los compañeros de distintas nacionalidades y garantizar condiciones salariales y laborales comunes.
«El problema no son los compañeros extranjeros, sino que el movimiento sindical pierde fuerza cuando una parte creciente de la población trabajadora queda fuera de la organización colectiva», afirma Anders Engberg Christiansen.
Pide más visitas a las obras y más recursos para organizar a los compañeros, resolver problemas concretos y fortalecer los colectivos de trabajo. «El sindicato debe estar en las obras, no esconderse en un gran edificio», dice Bertelsen, en clara referencia a la nueva sede de Sluseholmen, Copenhague, compartida con organizaciones como Blik og Rør y el Sindicato Danés de Periodistas.
Un sindicato visible y dispuesto a luchar
Los tres pintores intervendrán como delegados en el congreso para buscar apoyo a sus propuestas.
Subrayan que para ellos la cuestión decisiva no es quién gana una batalla interna por el poder. Es si el Sindicato de Pintores puede recuperar su importancia para las personas que trabajan en el oficio.
Su advertencia se extiende más allá del oficio de pintor.
Está en juego si el movimiento sindical seguirá siendo una herramienta con la que la propia afiliación pueda luchar por mejores condiciones o se convertirá en un aparato de servicios que toma las decisiones lejos de los centros de trabajo.
«Si los sindicatos responden a la pérdida de afiliación centralizando el poder y limitando la influencia de las bases, corren el riesgo de agravar la crisis que intentan resolver. Esto puede marcar una tendencia peligrosa para el resto del movimiento sindical, donde muchas organizaciones también pierden afiliados», dice Gerd Moss Christensen a Solidaritet.
Para los tres delegados, la respuesta a la crisis de afiliación es un sindicato más visible, más dispuesto a luchar y más cercano a quienes cada día realizan el trabajo.
Para ellos, la caja de resistencia debe ser algo más que unos ahorros que se dejan intactos o se destinan a otros fines. Permite que la afiliación se mantenga firme cuando fracasan las negociaciones y la patronal se niega a ceder.
Por eso defienden un uso más activo de la huelga. «No necesariamente para paralizar todo el país, sino para presionar a los empresarios y llevarlos a la mesa de negociación. Lo único que entienden es que deje de entrar dinero. Sin el arma de la huelga somos impotentes», dice Lasse Bertelsen.
Experto: menos afiliados, más centralización
El debate en el Sindicato de Pintores refleja tres tendencias más amplias en el movimiento sindical danés.
Laust Høgedahl, profesor asociado del Centro de Investigación del Mercado Laboral (CARMA) de la Universidad de Aalborg, identifica tres tendencias: menos afiliados, mayor centralización y nuevas formas de financiar las huelgas.
Subraya que su valoración se refiere a las tendencias generales del movimiento obrero, no específicamente al conflicto interno de los pintores.
«Cuando disminuye la afiliación, las organizaciones se ven presionadas a adaptarse. Eso puede suponer cerrar secciones locales o fusionarse con sindicatos más grandes. Los sindicatos pequeños son especialmente vulnerables cuando cada vez menos afiliados tienen que financiar su funcionamiento», dice Høgedahl a Solidaritet.
Parte del movimiento sindical está experimentando con nuevas formas de financiar los conflictos laborales.
La caja de resistencia tradicional sostiene a la afiliación durante un conflicto. Docentes y personal de enfermería, entre otros, han probado alternativas que entregan el dinero como préstamo. El modelo generó malestar cuando hubo que devolverlo después.
En el sector privado ha habido pocos grandes conflictos laborales en los últimos años. Una razón es el modelo de negociación, que agrupa los acuerdos de distintos convenios y suma los resultados de las votaciones: solo el rechazo del conjunto de la propuesta en el cómputo global puede desencadenar un gran conflicto.
«Cuando los conflictos laborales son poco frecuentes, puede resultar tentador utilizar la caja de resistencia para inversiones o gastos ordinarios», dice Høgedahl.
Sin embargo, comparte la preocupación de los pintores: «Si la caja se vacía o sus recursos quedan inmovilizados en inversiones y gastos corrientes, el sindicato puede debilitar su principal arma. Si los empresarios perciben la huelga como una amenaza vacía, también se resentirá la posición negociadora del movimiento obrero».
Solidaritet pidió al Sindicato de Pintores una respuesta a las críticas, pero este no quiso participar en el artículo.
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