🚩 Barro en la cabeza; del individualismo forzado a la lucha organizada
▫️Últimamente circulan por las redes sociales algunos vídeos que no son fáciles de ver. Vemos a gente untándose barro en la cabeza y la cara; un hombre ha colocado grandes cuencos de barro delante de él, se lo echa sobre la cabeza y habla del coste de la vida, la pobreza, la adicción entre los jóvenes, las mesas vacías a la hora de la cena, los padres avergonzados y las madres que no saben cómo satisfacer las necesidades más básicas de su familia. En otros vídeos se repite el mismo acto, con variaciones en la expresión y el escenario. Nuestra primera reacción podría ser de lástima, o de ira ante una situación que ha llevado a una persona a tal extremo; pero si queremos comprender el significado más profundo de estas imágenes, debemos distanciarnos por un momento de nuestra reacción emocional y fijarnos en el acto en sí. ¿Por qué una persona se echa barro en la propia cabeza? ¿Por qué algo que debería recaer sobre el poder recae sobre la propia humanidad?
▫️En esta inversión se revela una parte de nuestra condición social. La humanidad experimenta un problema social en forma de sufrimiento individual. Un padre avergonzado de su incapacidad para mantener a su familia, un joven que considera el desempleo, la adicción y la falta de perspectivas como un fracaso personal, una madre que achaca a su propia insuficiencia su incapacidad para mantener el hogar, y un trabajador que se esfuerza cada día más y se empobrece cada día más, se enfrentan todos a una situación cuyo origen radica en la vida social, pero cuyo coste recae sobre el individuo como un fracaso personal. Esto es lo que hemos denominado «individualidad obligatoria»: No la individualidad en el sentido de la independencia humana y la actividad autónoma, sino una condición en la que las relaciones sociales obligan a una persona a experimentar lo que es producto de una relación social como una desgracia y un fracaso personales. La inflación se convierte en un asunto privado; el desempleo, la deuda y la incapacidad para mantener a la familia se convierten en asuntos privados, e incluso la propia vergüenza se vuelve privada. La sociedad es social, pero su fracaso se atribuye al individuo.
▫️De ahí surge la protesta individual. Una persona se echa un cubo de agua por la cabeza, otra grita, otra habla de un plato vacío, del alquiler y de las deudas. No se trata solo de reacciones dispersas y sin sentido; son signos de una presión real que ya no puede silenciarse. Pero hay una distancia entre estas protestas individuales y su transformación en poder social.
El hecho de que millones de personas vivan en situaciones similares no las convierte, por sí solo, en una fuerza social. Una experiencia compartida puede seguir siendo millones de experiencias privadas; las personas pueden compartir un dolor común, pero cada una puede cargar con su propia miseria por separado. La cuestión radica en esta brecha: entre el sufrimiento compartido y el poder compartido.
🔵 Aquí es donde comienza la labor históricamente necesaria: transformar lo que se ha vivido como una coacción individual en una comprensión colectiva de la situación. No se trata de gritar más fuerte el sufrimiento, sino de hacer posible que las personas se den cuenta de que lo que les ha sobrevenido no es su destino privado. Un padre que no puede mantener a su familia no es simplemente un padre fracasado; forma parte de una clase que, en determinadas relaciones, vende su fuerza de trabajo para ganarse la vida y que, a pesar de participar en la producción social, dispone cada día de menos y menos medios de subsistencia. Un joven que ve su futuro perdido no es simplemente víctima de un fracaso personal; su vida ha sido moldeada por condiciones sociales específicas. El desempleo no es simplemente la ausencia de un trabajo, sino parte de un sistema que mercantiliza la fuerza de trabajo y vincula la posibilidad de vivir al poder adquisitivo. Este cambio de perspectiva, de «estoy atrapado» a «estamos atrapados en un sistema social concreto», es un punto decisivo; pues lo que se experimentaba individualmente se transforma aquí en lo común.
▫️Pero lo común no se construye simplemente reconociendo un dolor compartido. Si las personas solo saben que sufren de manera similar, aún no han superado la individualidad impuesta. Lo común se convierte en una fuerza social cuando se materializa en el trabajo común; en la conexión, la confianza, la cooperación y la organización. El trabajo colectivo, en este sentido, no es algo impuesto desde fuera sobre el sufrimiento de las personas; es una forma de romper la propia separación creada por las relaciones existentes entre los individuos. Organizarse no consiste solo en crear una estructura o seguir una línea política; se trata de construir una capacidad colectiva para intervenir en las relaciones que configuran la vida. Las experiencias aisladas deben poder convertirse en conocimiento colectivo, el conocimiento colectivo en cooperación, y la cooperación en una capacidad real de acción.
Por lo tanto, no debe trazarse una línea divisoria absoluta entre la protesta individual y la lucha organizada. La protesta individual puede ser un indicio de algo que aún no ha encontrado su forma colectiva.
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