Cada vez más estudiantes universitarios se suman al movimiento de los alumnos de secundaria, pese a los cierres ordenados por las autoridades universitarias, las clases a distancia y, en ocasiones, la represión policial. El personal docente e investigador también empieza a movilizarse.
A lo largo de unos diez metros, se amontonan cubos de basura y cajas de fruta frente a la entrada de la Universidad Sorbonne-Nouvelle, también conocida como París 3. Las pintadas cubren la explanada y las paredes. En las rejas cuelgan carteles con el lema «La universidad es nuestra». Aquí y allá, pancartas en apoyo al movimiento de los estudiantes de secundaria: «BV les 2010» («¡Bien hecho, los nacidos en 2010!»; BV abrevia la expresión francesa bien vu), «Bismillah c’est les ténèbres» (referencia a un intento de infiltración policial en Snapchat, la red en la que se organiza en gran parte la movilización de los estudiantes de secundaria). Los estudiantes de la Sorbonne-Nouvelle han organizado un bloqueo y una asamblea general (AG) frente a su facultad. Un anciano que pasa por allí se detiene, con mirada curiosa, y luego anima a los pocos estudiantes reunidos: «¡Ánimo para la manifestación!», en referencia a la manifestación nacional del 13 de octubre.
Esta manifestación ha reunido a 480 000 participantes en toda Francia, según la coalición de sindicatos de estudiantes universitarios y de secundaria, y a 161 000, según el Ministerio del Interior. Para los primeros, la movilización es, por tanto, al menos similar a la jornada de protesta anterior, del 8 de octubre. Para los servicios de Laurent Nuñez, por el contrario, está perdiendo fuerza.
Lucas, estudiante de máster en Letras y Filosofía, asiente con la cabeza: él y sus compañeros van a manifestarse junto a los manifestantes del 13 de octubre. Se están celebrando concentraciones por toda Francia con motivo de este «acto V» del movimiento estudiantil de secundaria. Los sindicatos están presentes junto a los jóvenes. En París, sin embargo, la marcha intersindical contra el presupuesto de austeridad se ha sumado a ella con un recorrido diferente. «Es necesario que, desde la base, se consolide una movilización por sectores enteros: que los alumnos de secundaria, los estudiantes y los trabajadores puedan garantizar la continuidad del movimiento y multiplicar sus puntos de encuentro», espera Lucas, que milita en Poing levé, una organización juvenil.
En su facultad, las asambleas generales han reunido a un número cada vez mayor de estudiantes a lo largo de las dos últimas semanas. «La semana pasada acudieron 500 personas a la asamblea general. Esto demuestra que este movimiento de estudiantes de secundaria estaba destinado a extenderse a esta universidad», explica.
«¡Mira el correo que acaba de llegar!», le dice Serge, estudiante de informática, a Lucas, mientras le enseña la pantalla de su móvil.
Lucas se apresura a transmitir la noticia a otro grupo cercano: la dirección de París 3 anuncia el cierre preventivo de la universidad con motivo de la manifestación del martes 13 de octubre. La semana anterior, el sindicato Union étudiante ya había contabilizado cerca de un 30 % de sedes universitarias cerradas preventivamente por sus administraciones.
Las universidades, en punto muerto: batalla de cifras entre los sindicatos de estudiantes y el Ministerio
Este 13 de octubre, día de manifestación, las universidades están efectivamente paralizadas, como en París 3, según indica Union étudiante a Basta!. De las 70 universidades francesas, «el 90 % de las facultades están bloqueadas o cerradas», anuncia Félix Stive, portavoz de la federación sindical. El Ministerio de Educación Superior cuestiona estas cifras. Por su parte, anuncia que el 35 % de los centros se ven afectados, incluyendo los bloqueos, las ocupaciones y los cierres administrativos. Y más de 200 institutos de secundaria paralizados.
Por su parte, Solidaires Étudiant·es avanza la cifra de «una treintena de campus bloqueados, con grandes éxitos en Dijon y Nantes, donde todo está bloqueado». «Incluso la Polytechnique está bloqueada, lo cual es histórico», informa Lucie Clamens, portavoz del sindicato estudiantil. Esta también enumera nuevas ocupaciones de facultades en Montpellier, mientras que otras llevan varios días en marcha, como en Toulouse.
En ciudades como Lyon, la movilización en los campus se extiende día a día, llegando incluso al Instituto de Estudios Políticos y a la Escuela Normal Superior, que quedaron bloqueados la mañana del 13 de octubre. La jornada nacional de manifestaciones del martes 6 de octubre parece haber marcado un punto de inflexión en la propagación del movimiento a las universidades.
«En Grenoble hemos visto sumarse al movimiento a campus habitualmente muy despolitizados, situados al suroeste de la ciudad. Tras observarlo desde lejos, siguieron el ejemplo del campus principal, donde se encuentran las carreras de letras y ciencias humanas, normalmente más movilizadas», explica Lucie Clamens. «Bastó una chispa: unos estudiantes que dijeron: “Estar lejos del centro y de los focos mediáticos no nos impide sumarnos”».
«El policía me respondió, palabra por palabra: “Me importa una mierda”»
Pero esta movilización estudiantil va acompañada de una doble represión: administrativa y policial. Frente a la Universidad París 3, se ha dibujado con spray un juego de rayuela sobre el asfalto. En cada casilla se lee: 1 CRS, 2 CRS, 3 CRS, 4 CRS… (CRS, las unidades antidisturbios de la policía francesa) Hace una semana, el lunes 5 de octubre, la dirección de la universidad llamó a las fuerzas del orden para que entraran en el recinto, mientras se celebraba allí una asamblea general, con el objetivo de poner fin al bloqueo. En los vídeos visionados por Basta!, se puede ver a decenas de policías con casco desmontando mesas y sillas y empujando a los estudiantes, entre los gritos de estos últimos.
Kamil, técnico audiovisual y afiliado al sindicato CGT, cuenta que le golpearon y le rociaron con gas lacrimógeno. «Me interpuse entre los estudiantes y los CRS para evitar disturbios y heridos, porque hemos visto muy bien lo que viene ocurriendo desde hace semanas. Como personal de la universidad, no quería que la policía golpeara, maltratara ni agrediera a los estudiantes. Así que me interpuse entre ambos, mostrando mi carné profesional y repitiendo que trabajaba aquí», cuenta.
Cuando un policía se le acerca con un aerosol lacrimógeno en la mano, Kamil levanta su carné profesional. «El policía me respondió, palabra por palabra: “Me importa una mierda”. Luego me golpeó en la cara con el bote. Y después me roció con gel lacrimógeno», continúa Kamil. Se le abre la ceja y la sangre le cubre la cara. Según cuenta, una compañera de la CGT que estaba a su lado y también se había interpuesto fue igualmente «empujada y golpeada».
Desde aquella intervención brutal, los estudiantes movilizados reclaman la dimisión del rector de la universidad, Daniel Mouchard-Zay. Este obtuvo un voto de confianza renovado por parte de su consejo de administración el 9 de octubre. Por todas partes, las paredes del campus están cubiertas de grafitis que dicen: «Mouchard, asume tu responsabilidad», «Dimite», «¿De qué vínculo de confianza hablas?».
Esta intervención policial «ha dejado secuelas psicológicas», afirma Lucas. La violencia de la intervención, seguida de un encierro de casi cuatro horas dentro de un cordón policial, ha desanimado a algunas personas, lamenta Serge. «Esta mañana, varias personas que habrían querido apoyarnos nos han dicho: “La verdad es que es demasiado peligroso, no voy a acercarme a la universidad”. Querían infundir miedo, y está funcionando».
Cierres universitarios y clases a distancia para contener el movimiento
Más allá de las incursiones de las fuerzas del orden en los campus —que han afectado a París 3 y Nantes—, los cierres administrativos lastran el movimiento estudiantil. Félix Stive, portavoz de Union étudiante, denuncia el «recurso ya sistemático» a esta práctica, generalizada desde las movilizaciones juveniles contra la reforma de las pensiones en 2024. «Esto recuerda a las prácticas patronales de antaño: se cerraban las fábricas cuando la situación empezaba a calentarse», suspira. Destaca en particular los cierres «abusivos en París, en centros universitarios que ni siquiera se han movilizado». Junto con otros socios, su organización está estudiando las posibles vías legales contra esta generalización.
Del mismo modo, las clases a distancia son una medida contra la que cada vez son menos los profesores que se rebelan. «Se observa que algunos profesores que, hasta ahora, se habían negado a hacerlo, están empezando a ceder. Sin embargo, se trata de una forma de represión administrativa contra la que hay que luchar», defiende Lucie Clamens.
Además, Félix Stive recuerda que, en la enseñanza a distancia, la obligación de asistencia, al igual que las evaluaciones, son contrarias al Código de Educación. «Hemos hecho circular un correo electrónico tipo entre los estudiantes para que no sean sancionados. Estos lo envían a sus profesores, quienes suelen dar marcha atrás fácilmente. Por desgracia, el Gobierno da su visto bueno a estas prácticas», denuncia el portavoz de Union étudiante.
En la práctica, los cierres y las clases a distancia sí afectan al movimiento. «Sí, reducen el número de personas presentes y movilizadas», admite Esther, estudiante de máster en Letras y Filosofía y militante de Poing levé. «Pero sigue habiendo una gran determinación. Reunirse ante la universidad cuando está cerrada ya dice mucho», matiza.
De hecho, al igual que en los días anteriores, los estudiantes de París 3 se reunieron en asamblea general frente a la universidad antes de salir a manifestarse. Por parte del personal, la huelga se prorrogó por unanimidad el día anterior. Al igual que la semana pasada, 180 personas se declararon en huelga, según informa Kamil. Desde el inicio del movimiento, el número de afiliados a la CGT en esta universidad también ha aumentado. Una señal de un compromiso cada vez mayor, comenta con entusiasmo el técnico audiovisual.
Aprovechar las vacaciones escolares para reforzar la unidad del movimiento
Mientras el Gobierno habla de un movimiento que «pierde fuerza» y confía en que las vacaciones escolares lo debiliten, los universitarios entrevistados se niegan a desanimarse. «La gran manifestación del sábado 17 de octubre busca unir a universitarios, alumnos de secundaria y trabajadores. Es una convocatoria organizada desde la base que está dando mucho que hablar. Creo que, durante las vacaciones, los alumnos de secundaria tendrán aún más libertad para seguir reforzando esa unidad», opina Esther. Para organizaciones estudiantiles como Solidaires, las asambleas generales del 13 de octubre serán decisivas para definir la estrategia durante las vacaciones escolares.
Los doctorandos se suman a la lucha
Esta semana, un nuevo colectivo intenta movilizarse: los doctorandos. En la meseta de Saclay, unos cuarenta doctorandos de una decena de universidades y centros de educación superior celebraron su primera asamblea general el 12 de octubre.
La moción aprobada en la asamblea general recoge tres puntos principales. Primero, poner fin a la violencia policial «sistémica». Segundo, adoptar las diez medidas de emergencia que las organizaciones de estudiantes universitarios y de secundaria reclaman desde el inicio del movimiento juvenil. Por último, alertar sobre la falta de recursos para la investigación pública, cada vez más subordinada a intereses privados y obligada a competir por financiación mediante convocatorias de proyectos. Al mismo tiempo, se sigue recurriendo a docentes con contratos precarios sin crear plazas estables, denuncia la coordinadora de doctorandos.
Nina, doctoranda en Economía, cuenta cómo se convirtió en portavoz de esta pequeña coordinadora: «La semana pasada estuve en una manifestación en Dijon, donde mi novio hace un doctorado en Física Cuántica. Nos manifestamos en apoyo a los alumnos de secundaria. Gracias a mi formación en primeros auxilios para manifestaciones, atendí a varios adolescentes: uno con un traumatismo craneal, otro herido por un proyectil en la espalda y otro con una pierna herida por una granada…». Indignada por esta violencia, al volver a París al día siguiente le sorprendió el contraste: en su laboratorio reinaba el silencio. Sin embargo, aquel jueves 8 de octubre se celebraba la cuarta jornada nacional del movimiento de los estudiantes de secundaria.
«Nadie hablaba de ello. Entonces pregunté: “¿Quién viene conmigo a la manifestación?”. En menos de una hora se sumaron seis personas. ¡Pensé que podríamos convencer a más gente y ampliar el movimiento!». Gracias al contacto con doctorandos afiliados a sindicatos, la coordinadora se formó rápidamente en la meseta de Saclay. Su principal objetivo es incorporar al personal docente e investigador y al resto del personal universitario, con quienes los doctorandos mantienen una relación más estrecha, para reforzar el movimiento de protesta en curso.
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