Después de Año Nuevo, los sindicatos y los empleadores comenzarán a negociar tu nuevo salario.
¿Cuánto pueden subir los salarios? Depende, por supuesto, del margen para aumentarlos: de cuánto pueden permitirse pagar las empresas.
La capacidad de pago depende, en última instancia, de la evolución de la productividad, es decir, de la eficiencia de la producción. Esta puede depender de la inversión en nuevas tecnologías, de cómo se organiza el trabajo o de la mejora de las competencias mediante la formación.
Pero, además de la productividad, hay algo más que conviene observar: el contexto internacional. Y, en particular, China.
¿Qué significa para tu empleo y la evolución de tu salario que China se convierta en una superpotencia industrial con la que a las empresas suecas les cuesta cada vez más competir? Según los empleadores, será decisivo. En primavera, la Confederación de Empresas Suecas, Svenskt Näringsliv, presentó el informe «El segundo choque de China y los desafíos para la competitividad sueca».
Con ese informe, los empleadores plantearon los deberes que, a su juicio, debían hacerse antes de las negociaciones salariales.
El informe sostenía que, al calcular el margen para futuros aumentos salariales, había que «tener más en cuenta la presión de la competencia mundial». El mensaje era claro: el choque de China debía frenar las subidas salariales.
En cambio, los sindicatos, la otra parte de la negociación, señalan la fortaleza de la economía sueca y el crecimiento de la productividad a largo plazo como argumentos para subir los salarios reales. El desarrollo de China importa, pero quizá no del modo que describen los empleadores.
Una batalla por la interpretación del mundo: así podría llamarse el debate que precede a cada ronda de negociación colectiva. Se discute qué descripción de la realidad debe servir para determinar el margen de subida salarial.
Ahora el debate gira en torno a las consecuencias de lo que se ha denominado el segundo choque de China.
El primer choque llegó hace 25 años. China asumió la mayor parte de la producción mundial intensiva en mano de obra: actividades que requieren muchos trabajadores y que los antiguos países industriales aún no habían reorganizado con nuevas tecnologías para reducir esa necesidad.
Entonces China podía competir con salarios bajos. Pero aquello fue entonces.
Ahora compite con tecnología avanzada.
La industria china avanza a gran velocidad con productos que suelen ser más avanzados que los fabricados en Europa: coches eléctricos, paneles solares, baterías y, pronto, inteligencia artificial y robots humanoides. Además, China monopoliza el procesamiento de los metales de tierras raras, esenciales tanto para los sistemas de armamento como para los coches eléctricos.
La ventaja de China se explica porque el país está recogiendo los frutos de sus inversiones anteriores en investigación y desarrollo.
Las empresas chinas también se benefician, naturalmente, de diversas formas de apoyo estatal. Las autoridades regionales compiten por ofrecerles préstamos favorables y terrenos gratuitos.
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Así se manifiesta el choque: antes de la pandemia, China exportaba algo menos de un millón de coches; hoy exporta 7 millones, en su mayoría eléctricos. En ese mismo periodo, las exportaciones chinas de células solares se han multiplicado por seis.
¿Cómo responder a este nuevo choque de China? ¿Qué significa para tu empleo? Son preguntas que se debaten en toda Europa: en la Comisión Europea y los gobiernos, y entre economistas, empleadores y sindicatos.
El choque de China también ocupa al Consejo Económico de la Industria: cuatro economistas independientes que, por encargo de sindicatos y empleadores del sector, elaboran cada año un informe sobre las perspectivas de la industria sueca.
El informe de este año, «La nueva competencia procedente de China», no resulta alentador.
Estos economistas suelen medir cuidadosamente sus palabras y formular análisis prudentes y equilibrados. Sin embargo, el nuevo informe es dramático en largos pasajes y, por momentos, sombrío.
El Consejo da la voz de alarma: existe un alto riesgo de una profunda crisis estructural en la industria europea. En otras palabras, muchas empresas podrían quedar fuera del mercado.
Una crisis estructural es muy distinta de una recesión cíclica habitual: amenaza el futuro de sectores enteros.
En particular, la industria automovilística europea se enfrenta a un futuro difícil porque se ha quedado atrás en electrificación y desarrollo tecnológico.
El endurecimiento de la competencia no significa que todo vaya bien en la industria china. El apoyo estatal también genera problemas. La política industrial ha llevado a construir demasiadas fábricas y a invertir en proyectos que apenas aportan beneficios.
Hoy existe un exceso de capacidad: sencillamente, hay demasiadas fábricas. Esto presiona los precios a la baja: las empresas los reducen y pierden rentabilidad. El exceso de capacidad también reduce la productividad, perjudicando la eficiencia y la competitividad a largo plazo. Además, las empresas acumulan deudas elevadas tras años de créditos baratos.
Una combinación insostenible a largo plazo.
El exceso de capacidad en China lleva a sus empresas a vender productos a precios rebajados en el mercado mundial. Por eso, la industria sueca tiene cada vez más dificultades para vender en Alemania, su principal mercado de exportación.
Después de la UE, China es el mercado más importante para las empresas suecas. Según el Consejo Económico de la Industria, la competencia de las empresas chinas también se ha intensificado allí.
Sin embargo, por ahora la industria sueca sigue beneficiándose del comercio con China. Así lo sostienen dos economistas sindicales: Erica Sjölander, responsable de la secretaría de Facken inom industrin, la organización conjunta de los sindicatos industriales, y Daniel Lind, director de investigación de la comisión de productividad de esos sindicatos.
Su análisis se basa en nuevas estadísticas que ya se utilizan internacionalmente. Estas miden el valor añadido —salarios y beneficios— a lo largo de toda la cadena de producción de los bienes industriales.
Según sus cálculos, Suecia ha salido ganando del comercio con China y ha registrado un amplio superávit durante los últimos treinta años. Hoy, ese comercio sostiene más de 80.000 empleos en Suecia.
Por ello, los economistas sindicales consideran «difícil defender las profecías apocalípticas según las cuales China ha expulsado a Suecia del mercado y nos ha quitado los empleos».
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