EsCultura es una empresa con cuatro décadas de historia, respaldada por la Asociación Cooperativa La Col·lectiva.
Dimarts, 8 de setembre de 2026 | 14:00 hSíguenos en las redes sociales para estar al día de las últimas noticias.
Una fábrica de cerámica con casi cuarenta años de historia seguirá en funcionamiento gracias a sus propias trabajadoras. Ante la jubilación de los antiguos propietarios, seis mujeres que ya formaban parte del equipo se han hecho cargo del negocio y lo han convertido en una cooperativa con el apoyo de La Col·lectiva, la Cooperativa Ateneu de L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona). Así nació EsCultura, un proyecto que mantiene la actividad industrial en el municipio y abre un nuevo capítulo bajo un modelo de propiedad y gestión colectivas.
El taller está situado en la Carretera del Mig, una de las zonas en las que tradicionalmente se ha concentrado gran parte de la actividad industrial de L'Hospitalet de Llobregat y que actualmente se encuentra inmersa en un proceso de reconversión funcional. Para La Col·lectiva, la organización que ha apoyado a los trabajadores a lo largo de todo el proceso, reviste especial importancia que pueda mantenerse una actividad productiva en este entorno. «Para nosotros es muy importante que se produzca una sucesión cooperativa de una empresa manufacturera en la ciudad, en un espacio de resistencia que, precisamente, está en proceso de reconversión», explicaron las integrantes del Hospitalet Cooperative Hub, Andrea Carrión y Laia Ramos.
EsCultura toma el relevo de una empresa que lleva en activo unas cuatro décadas. Sus orígenes se remontan a la producción de recuerdos que se vendían en pequeños puestos de La Rambla de Barcelona, pero con el tiempo el taller se especializó y comenzó a trabajar para el sector de la cerámica y para museos. En la actualidad, sus actividades combinan la producción de piezas para instituciones culturales con encargos relacionados con el turismo.
El nuevo proyecto está formado por las seis empleadas de la empresa, que ya estaban familiarizadas con el funcionamiento del taller. Todas ellas son ceramistas formadas en Cataluña y cuentan con experiencia en artesanía, unos conocimientos que ahora aportan a una empresa que mantiene una escala de producción industrial.
De trabajadores a socios de la cooperativa
La transformación de la empresa no se ha limitado a evitar su cierre. Los trabajadores han pasado de ser empleados asalariados a convertirse en socios y a asumir la responsabilidad del futuro de la empresa. «El principal cambio son las mayores ventajas para las personas que antes eran empleados y ahora son socios, sobre todo en lo que se refiere a la democracia y la toma de decisiones», afirman desde La Col·lectiva. Ahora, con el nuevo modelo cooperativo, los trabajadores podrán decidir colectivamente cómo organizar sus actividades, cómo gestionar la empresa y qué rumbo quieren darle.
Un cambio de titularidad también puede marcar el inicio de una nueva etapa empresarial. La sucesión generacional, explican Ramos y Carrión, puede implicar cambios en la orientación de la empresa, la búsqueda de nuevos clientes o la introducción de nuevas líneas de negocio. Al mismo tiempo, la forma cooperativa puede facilitar una relación más estrecha con la comunidad local y con el ecosistema de economía social y solidaria de la ciudad.
En este proceso de transformación interna, La Col·lectiva ha desempeñado un papel de apoyo en diversos ámbitos. El Ateneu fue el primero en recibir la solicitud de los trabajadores, ya que estos sabían poco sobre el modelo cooperativo, pero querían explorar esta vía para garantizar la continuidad del taller. A partir de ahí, el apoyo también ha incluido una evaluación de la viabilidad económica y técnica, la búsqueda de fuentes de financiación, el asesoramiento jurídico y la coordinación con los antiguos propietarios.
Mantener la actividad industrial de la ciudad.
Para La Col·lectiva, el caso de EsCultura pone de manifiesto una de las posibilidades que ofrece el cooperativismo ante el cierre de empresas cuando se producen procesos de jubilación. En lugar de cesar la actividad o cederla a otro operador, los propios trabajadores han podido hacerse cargo de la empresa y mantener los puestos de trabajo. «Es el primer proceso de sucesión cooperativa que hemos llevado a cabo con éxito», explican. Y añaden: «Sobre todo, se trata de un proyecto importante, ya que pertenece a un eje y un sector tan estratégico como el industrial, que en la actualidad es clave para la economía solidaria y el cooperativismo».
Así, el Ateneu sostiene que este tipo de procesos pueden constituir una alternativa para preservar la actividad económica arraigada en el territorio. «Es fundamental destacar que estas iniciativas pueden tener éxito y que la forma cooperativa también puede ser una forma de mantener el empleo y la producción industrial localizada», señalan.
Por este motivo, La Col·lectiva reconocerá el proyecto EsCultura a finales de septiembre, otorgándole el Premio Rosita a la Promoción del Cooperativismo, un galardón que el Ateneu concede anualmente.
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