« On est les parias de l’enseignement supérieur » : ultra-précaires, les vacataires des universités ne lâchent pas

Decenas de miles de docentes imparten clases en las universidades francesas bajo la figura de vacataire, con remuneración por horas lectivas y una gran inseguridad laboral. Su número crece por la falta de plazas permanentes. Están decididos a defender sus derechos.

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En París, el 5 de octubre de 2026, los estudiantes bloquearon la Universidad Sorbonne-Nouvelle. La policía entró en la universidad y desalojó a los estudiantes. ©Clément Martin/Hans Lucas
En París, el 5 de octubre de 2026, los estudiantes bloquearon la Universidad Sorbonne-Nouvelle. La policía entró en la universidad y desalojó a los estudiantes. ©Clément Martin/Hans Lucas

El 13 de octubre, día en que el proyecto de presupuesto para 2027 llegó a la Asamblea Nacional, docentes universitarios con empleos precarios y remuneración por horas se sumaron a la manifestación de estudiantes de secundaria en París.

150.000 docentes con pago por horas

Las universidades francesas cuentan con unos 57.500 docentes e investigadores permanentes, entre maîtres de conférences y catedráticos. Junto a ellos, unos 150.000 vacataires imparten clases y sesiones de trabajos dirigidos (travaux dirigés, TD). Son doctorandos, investigadores posdoctorales, profesionales externos y también personas que enseñan de forma habitual. Sostienen el funcionamiento de las universidades, pero cobran mucho menos que el personal permanente y a menudo reciben su remuneración meses después de trabajar, en contra de la ley.

«Tengo un doctorado. Ocho años de estudios después del bachillerato, una tesis, años de investigación. Enseño en una universidad francesa. Ante los estudiantes me llaman profesora. En la nómina, cuando llega, soy “horas complementarias”. Vigilo exámenes los sábados, corrijo por las noches, contesto correos, preparo clases y asisto a reuniones. Solo se paga una cosa: la hora frente al alumnado. Todo lo demás lo recibe gratis la universidad. A menudo cobro con meses de retraso. Si calculo mi remuneración por las horas que trabajo realmente, queda por debajo del salario mínimo francés. Y el año que viene nadie garantiza que sigan necesitándome ni que exista una plaza para alguien a quien han formado durante diez años». Es uno de los testimonios anónimos reunidos por Je suis Léa («Soy Léa»), un colectivo creado en octubre de 2026 para denunciar la creciente precariedad del profesorado con remuneración por horas.

Veintiún años de precariedad

La web reúne decenas de testimonios. «Doctorado con felicitaciones del tribunal en una gran universidad parisina, tesis publicada por una editorial importante. Después un posdoctorado, tres años de docencia e investigación temporal y contratos de duración determinada, y doce años de contratos de investigación en el extranjero, de proyecto en proyecto», relata otro docente. «Desde hace cuatro años estoy casi en paro: solo se pagan las clases, sin preparación ni correcciones, y la mitad del dinero se va en transporte. Casi veinte años de docencia universitaria, decenas de artículos, proyectos dirigidos, una tesis supervisada, dos acreditaciones para acceder a puestos académicos. Y sigo sin conseguirlo».

«Llevo 21 años trabajando por horas en la universidad», explica a Basta! Nadja*, profesora de humanidades en varios centros. «El año pasado impartí 187 horas. La carga de un maître de conférences es de 192 horas lectivas. No pueden asignarnos legalmente la misma carga, así que nos dan unas pocas horas menos. Esta figura está pensada para intervenciones puntuales junto a otro empleo. Pero cada vez cubre más trabajo habitual y necesidades permanentes porque no se crean plazas estables. Al final somos docentes mal pagados, los parias de la enseñanza superior». Tiene el doctorado desde hace más de diez años.

Salarios bajos y trabajo no remunerado

Una hora de trabajos dirigidos se paga a 43,50 euros brutos y una clase magistral, a 65,25 euros brutos. Puede parecer mucho, pero cada clase exige preparación, correcciones y reuniones. En 2024, Nos services publics calculó que una hora impartida por un vacataire cuesta a la universidad aproximadamente la quinta parte de una hora a cargo de un docente permanente. El colectivo también señaló que este profesorado representa dos tercios del personal docente universitario y ya es mayoritario en la enseñanza superior y la investigación. Su número ha crecido casi un tercio desde la década de 2010.

El equivalente a 24.000 plazas

Es difícil precisar las cifras porque las universidades no ofrecen una imagen clara del empleo de este profesorado. El último dato oficial procede de un informe de la Inspección General de Educación, Deporte e Investigación, publicado en abril de 2025: 158.464 vacataires en el curso 2022–2023, que impartieron unos 5,3 millones de horas. Según Je suis Léa, las horas que impartieron en 2021–2022 equivalían a la carga docente de más de 24.000 plazas permanentes de docencia e investigación.

Las estadísticas mezclan situaciones muy distintas. Una doctora sin plaza estable que imparte cerca de 200 horas en tres universidades cuenta igual que un abogado que enseña diez horas al año. El informe estimaba que la mayoría de los vacataires tiene su actividad principal fuera de la universidad y que quienes clasifica como trabajadores en situación precaria representarían menos del 5 % del total.

Contratación por vías alternativas

«Pero esa cifra se basa en categorías administrativas que ocultan parte de la realidad. En principio, una persona con doctorado no puede ser contratada como chargé d’enseignement vacataire si no tiene una actividad principal. Acaba contratada por otras vías, por ejemplo como autónoma, y desaparece de esas estadísticas», responde Je suis Léa.

«Para acceder a esta figura hay que ser doctorando o tener un empleo principal. Pero las universidades a veces contratan a personas en paro y después les dicen: “No podemos pagarles porque no cumplen los requisitos”», añade Clément, del colectivo de docentes por horas de la CGT en la Universidad París 1.

Luchar para que nos paguen

Estos docentes suelen tener que luchar simplemente para cobrar. Hasta hace pocos años, las universidades pagaban las horas una vez por semestre, cada seis meses. La ley de programación de la investigación de 2020 (LPR) estableció la obligación de pagar mensualmente, vigente desde el 1 de septiembre de 2022 conforme al artículo L952-1 del Código de Educación. Sin embargo, los testimonios recogidos en este artículo muestran que sigue sin cumplirse de forma generalizada.

«Un pago mensual sería trabajar y cobrar al final del mes. En el mejor de los casos recibo un poco a los dos meses y el total al tercero», explica Nadja. «Las horas de septiembre las cobraré a finales de noviembre. El programa de pago mensual de mi universidad funciona mal. Cuesta introducir las horas y validarlas. Siempre hay que preguntar al gestor y comprobar si el sistema ha registrado la solicitud. Son horas de intercambios, malentendidos y comprobaciones. Una pesadilla burocrática».

Nadja incluso tuvo que acudir a los tribunales para hacer valer sus derechos tras sufrir retrasos en los pagos. «En 2024, inicié un procedimiento contra la universidad porque me debía más de 5.000 euros. Solo cuando inicié el procedimiento me pagaron. Desde entonces, reclamo una indemnización por daños y perjuicios».

«La situación de las humanidades es dramática»

En varias universidades, docentes apoyados por la CGT han acudido a los tribunales por retrasos excesivos. «Sin crear plazas permanentes se lleva el uso de esta figura a extremos», dice Nadja. «La situación de las humanidades y las ciencias sociales es dramática. Desde que defendí la tesis en 2014 me han llamado a entrevistas aquí y allá. Pero no hay plazas».

Entre 2009 y 2023, la contratación de docentes e investigadores permanentes cayó un 30 %, de 2.036 a 1.436, según un estudio sobre el acceso a la carrera académica. Mientras tanto aumentó el alumnado, de modo que hay menos docentes para más estudiantes. El estudio calcula que harían falta unas 5.850 plazas adicionales para recuperar la proporción de 2010.

Necesidades permanentes, plazas estables

Je suis Léa exige que toda necesidad permanente de docencia o investigación se cubra con una plaza estable. También reclama un plan de incorporación a puestos permanentes para quienes ya realizan ese trabajo, empezando por los vacataires con más años de servicio.

Asignar a personal permanente entre una décima y una quinta parte de las horas que actualmente imparten los vacataires equivaldría a unas 2.400–4.900 plazas, sostiene el colectivo. Mientras tanto, reclama elevar la remuneración de la hora lectiva a 80 euros brutos para tener en cuenta el tiempo realmente trabajado.

El proyecto de presupuesto para 2027 prevé un modesto aumento de 500 millones de euros para la enseñanza superior y la investigación, hasta un total de 31.800 millones. Pero sigue siendo insuficiente para crear las plazas necesarias y combatir la precariedad. «Ahora también nos contacta personal administrativo contratado por horas», cuenta Anouk, del colectivo de doctorandos de la CGT. «Las universidades empiezan a utilizar esta modalidad para tareas administrativas, incluso cuando responden a necesidades totalmente permanentes».

* Nombre modificado.