La lectura de este breve ensayo dedicado al Festival de Cannes debería llevarnos a contemplar con otros ojos esta tradicional «gran misa» del cine mundial, que se celebra cada mes de mayo en la Croisette. Tangui Perron, historiador especializado en sindicalismo y cine militante, recuerda que los inicios del Festival deben mucho a la implicación del movimiento obrero y, en particular, a la CGT, de orientación comunista, a través de su rama del espectáculo. Para el Estado francés, «el Festival de Cannes se inscribe en realidad en una política de conjunto que combina la refundación del cine con la regeneración social y cultural de Francia», convirtiéndose así en el tercer actor esencial en el periodo inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial.
El libro se articula en siete capítulos que recorren la historia de esta manifestación desde sus frustrados comienzos en 1939 hasta nuestros días. Concluye con un epílogo de Sophie Binet, actual secretaria general de la CGT.
El primer capítulo aborda la primera edición fallida del Festival, que debía haberse celebrado el 1 de septiembre de 1939. El estallido de la guerra lo canceló todo, aunque el autor señala que se conservan archivos sobre aquel episodio, ya que todo estaba preparado. Perron recuerda además que el Festival se creó «como reacción al control ejercido por el poder fascista sobre el Festival de Venecia en 1938, reforzado a su vez por la intervención del poder nazi en el palmarés». No se trata de un detalle menor: este origen constituye verdaderamente una de las señas de identidad del Festival, apoyado desde el principio por personalidades antifascistas como el ministro Jean Zay. Debido a su proximidad con Italia, Cannes y la Costa Azul acogieron también a antifascistas italianos que, según señala el historiador, desempeñaron «un papel fundamental en la implantación del comunismo en el sureste mediterráneo y en la historia sindical». Al mismo tiempo, estos militantes fueron objeto de la vigilancia de la policía secreta de Mussolini, encargada de perseguir y eliminar a los activistas antifascistas.
Los capítulos segundo y tercero se estructuran en torno a breves biografías de dos personajes esenciales en los primeros años del Festival: primero Virgile Barel (1889-1979), maestro y figura destacada del comunismo de Niza, y después Raymond Picaud (1882-1950), médico y alcalde de Cannes. Estas dos personalidades comprometidas permiten recordar también los vínculos establecidos con los hoteleros de la ciudad, que apoyaron activamente el Festival, así como la voluntad, especialmente en el caso de Barel, de «crear en torno a Niza un paraíso para proletarios», apoyándose en las primeras vacaciones pagadas introducidas en 1936 por el Frente Popular.
El Festival difícilmente habría podido perdurar sin disponer de un espacio adecuado, y el cuarto capítulo lo recuerda. Construido en un tiempo récord en una Francia de posguerra todavía marcada por las privaciones, el Palais des Festivals fue inaugurado en 1947. Estas páginas resultan especialmente interesantes porque muestran el compromiso, a menudo voluntario, de numerosos militantes de la CGT. Tangui Perron recuerda, por ejemplo, que «fue en los locales de la sede comunista donde se cosieron las enormes cortinas de la sala de proyección».
El quinto capítulo nos acerca a cineastas como René Clément (1913-1996) y Jacques Becker (1906-1960), que defendieron tanto sus propios intereses como los del cine francés frente a la avalancha hollywoodiense. Junto a ellos, y junto a trabajadores afiliados a la CGT, también desempeñaron un papel importante los actores, a través de la llamada «oficina V» del Festival —V de vedettes, “estrellas”—, que «reunía a las estrellas del cine y del teatro encargadas de convertirse en los prestigiosos abanderados de la organización».
En el contexto de la Guerra Fría no faltaron los ataques. El Partido Comunista Francés perdió ayuntamientos como el de Marsella, mientras que la ciudad de Cannes pasó a manos gaullistas. Aunque el Festival fue defendido de forma transversal por diferentes fuerzas políticas, no ocurrió lo mismo con su Palais, terminado definitivamente en 1949 y demolido en 1988. Estos elementos se abordan en el sexto capítulo, en el que Tangui Perron recuerda con cierto tono de amargura que el edificio podría haberse salvado mediante su inclusión en el inventario del patrimonio, pero el entonces ministro socialista Jack Lang no mostró interés.
El séptimo capítulo da cuenta del compromiso de actrices y actores como Simone Signoret (1921-1985), Jean Gabin (1904-1976) y Jean Marais (1913-1998) en aquel tenso contexto político. De hecho, Simone Signoret y Jean Marais encabezaron la manifestación del 4 de enero de 1948 contra los Acuerdos Blum-Byrnes. Firmados en 1946 por los representantes del gobierno francés Léon Blum (1872-1950) y Jean Monnet (1888-1979) con el secretario de Estado estadounidense James F. Byrnes (1882-1972), estos acuerdos contemplaban la cancelación de una parte de la deuda francesa contraída con Estados Unidos durante la guerra. A primera vista, el cine parece bastante alejado de estas cuestiones. Sin embargo, una parte de los profesionales del sector y la Federación del Espectáculo de la CGT reaccionaron con fuerza al descubrir una cláusula adicional que garantizaba el libre acceso de las películas estadounidenses al mercado francés, en detrimento de la producción nacional. El acuerdo fue así renegociado, reduciendo parcialmente las desventajas para el cine francés. Poco después, el Parlamento dotó al cine francés de una ley de apoyo que sigue vigente en la actualidad.
La breve conclusión recuerda el fuerte y duradero compromiso de la CGT, que todavía hoy ocupa un asiento en el consejo de administración del Festival. En definitiva, Tangui Perron logra plenamente su objetivo: mostrar la importancia de la CGT y del activismo militante en la historia del cine francés a través del compromiso de individuos concretos. También abre una serie de líneas de investigación, entre ellas la contribución de las mujeres al Festival de Cannes. Y no es este el menor de los méritos de un ensayo estimulante y agradable de leer.
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