La victoria de la Lista Estudiantil en las elecciones parlamentarias de Serbia del 25 de octubre de 2026 pone fin a catorce años de dominio de Aleksandar Vučić y su Partido Progresista Serbio. Con aproximadamente el 53 % de los votos y una mayoría absoluta proyectada en el parlamento, la Lista Estudiantil logró un resultado que hasta hace poco parecía casi inimaginable. La naturaleza de esta victoria y el futuro político de Serbia son difíciles de entender a través de las categorías convencionales de gobierno frente a oposición, liberalismo frente a conservadurismo, o integración europea frente a soberanía nacional.
En el centro de la transformación política de Serbia estuvo un movimiento estudiantil de masas, y tras él se encontraba un conflicto entre dos élites: la élite política construida por el régimen de Vučić a lo largo de la década y media anterior, y una élite académica que se había mantenido relativamente independiente de su sistema de gobierno. El factor decisivo fue la capacidad de esta última para forjar una alianza con el movimiento estudiantil, que había desarrollado una forma distintiva de populismo participativo. Esta alianza hizo posible la movilización política que condujo al cambio de gobierno.
Este movimiento populista no surgió en torno a demandas de una transformación radical de la política económica o exterior de Serbia. En muchos ámbitos reprodujo el consenso político existente, y prometió que podían aplicarse políticas similares sin corrupción, crimen organizado, nepotismo ni empleo basado en la afiliación partidista. El mayor desafío al que se enfrentará el nuevo gobierno será desmantelar los mecanismos clientelares del régimen anterior y, al mismo tiempo, demostrar si su modelo económico, relativamente popular, puede mantenerse sin recurrir a los mismos mecanismos de acumulación de capital y de control político.
Un sistema de partido único dentro de una democracia multipartidista
Una de las características más importantes del dominio político de Vučić fue el debilitamiento sistemático del sistema multipartidista, incluso cuando las instituciones formales de la democracia parlamentaria seguían en pie. El Partido Progresista Serbio trató de incorporar a casi todos los actores políticos con apoyo electoral significativo. A las organizaciones políticas y a sus líderes se les ofrecieron posiciones dentro de la coalición gobernante, a menudo mediante puestos garantizados en listas electorales conjuntas, mientras que quienes se negaban a cooperar se enfrentaban a diversas formas de presión, marginación y destrucción política.
El resultado fue un intento de establecer una especie de sistema de partido único dentro de una democracia formalmente multipartidista. Casi todas las posiciones ideológicas significativas tenían cabida dentro de la coalición gobernante, desde las corrientes nacionalistas y conservadoras hasta las liberales, proeuropeas y de orientación social. Los conflictos ideológicos se trasladaron en gran medida de la competencia electoral a las relaciones internas del bloque gobernante. Las elecciones se convirtieron cada vez más en referéndums sobre el ejercicio del poder y las actitudes hacia el régimen de Vučić, más que en contiendas entre programas políticos alternativos. Los partidos de la oposición que permanecieron fuera de este sistema no lograron construir una base social suficientemente amplia ni establecer una agenda política diferente.
Al mismo tiempo, Vučić desarrolló una maquinaria partidista y electoral excepcionalmente extensa. Su funcionamiento dependía de la lealtad política, el control del empleo en el sector público, la obtención de los llamados votos capilares y diversas formas de presión sobre los votantes. La afiliación al partido gobernante, o la disposición a conseguirle votos, se convirtió en un requisito previo importante para obtener empleo, progresar en la carrera y acceder a los recursos públicos. Gradualmente, este sistema fue más allá de su función electoral y pasó a ser un mecanismo fundamental de organización de las relaciones sociales y económicas.
Para un docente que llevaba años con contratos temporales, un trabajador sanitario que esperaba un empleo fijo o un empleado de una empresa pública, la afiliación partidista podía determinar directamente su futuro profesional. Mecanismos similares se extendieron al sector privado a través de redes de contactos empresariales, la contratación pública y el acceso privilegiado a los recursos del Estado. Junto a los grandes escándalos financieros difundidos por los medios, la corrupción se convirtió en una experiencia cotidiana para una gran parte de la población. Casi cualquiera que buscara empleo, progresar en su carrera o acceder a determinado derecho podía encontrarse con las consecuencias del clientelismo partidista.
Junto al nepotismo sistémico, el régimen se vio acompañado de graves escándalos que plantearon dudas sobre los vínculos entre las estructuras del Estado y el crimen organizado. Entre ellos figuran el caso Jovanjica, que consistió en el descubrimiento de una gran plantación de marihuana presuntamente protegida por miembros de los servicios de seguridad, y un asesinato en un restaurante de Belgrado, cuyo presunto encubrimiento implicó al entonces jefe de la policía de Belgrado. El problema para Vučić era que, una vez establecida, la red de lealtades exigía la protección continua de sus miembros. Sancionar a personas por actividad delictiva o corrupción podía amenazar la estabilidad de todo el sistema, que descansaba en la expectativa de que la lealtad política sería recompensada y protegida.
Por tanto, la maquinaria electoral fue convirtiéndose gradualmente en una carga para el propio régimen. Los mecanismos que le permitían mantenerse en el poder generaban al mismo tiempo un descontento social cada vez más generalizado.
La élite académica que Vučić no logró incorporar
A diferencia de las élites políticas y empresariales, a las que conectó con éxito mediante un sistema de intereses mutuos, Vučić nunca consiguió incorporar plenamente a la élite académica de Serbia.
Por élite académica entiendo un estrato más amplio de profesionales altamente cualificados, gestores profesionales, economistas, abogados, intelectuales, profesores universitarios, investigadores y personas que trabajan en organizaciones no gubernamentales. Su autoridad social se basa principalmente en la formación, las cualificaciones profesionales y la experiencia, más que en el control del aparato partidista. A lo largo de su mandato, Vučić intentó atraer a sectores de esta élite. El nombramiento de Ana Brnabić para altos cargos del gobierno y el ascenso de Siniša Mali fueron elementos importantes de este esfuerzo. A través de figuras como estas, personas del mundo empresarial, académico y del sector de las ONG fueron incorporadas a la administración del Estado y a la dirección política para proporcionar al régimen legitimidad profesional y una imagen de modernización.
Esta alianza siguió siendo relativamente limitada e inestable. Las universidades, con la Universidad de Belgrado a la cabeza, nunca llegaron a ser bastiones firmes del partido gobernante. Los docentes e investigadores universitarios llevaban tiempo expresando su descontento con el régimen, aunque este descontento no estaba necesariamente asociado a una ideología opositora compartida. Poco antes del estallido de las protestas estudiantiles, el conflicto se intensificó tras los anuncios de que las universidades privadas extranjeras podrían tener acceso a fondos públicos destinados a la educación superior. Un modelo así, similar a ciertos sistemas de cheques educativos, planteaba la posibilidad de desviar recursos presupuestarios de las universidades públicas a instituciones privadas. La comunidad académica lo consideró una amenaza de mayor subordinación de la educación a los intereses empresariales vinculados al poder político. Por tanto, el conflicto entre las universidades y el régimen afectaba también a los intereses materiales inmediatos de la comunidad académica.
Cuando la marquesina de la estación de ferrocarril reconstruida de Novi Sad se derrumbó en noviembre de 2024 y causó la muerte de dieciséis personas, este conflicto ya existente adquirió una dimensión completamente nueva. La tragedia fue percibida ampliamente como emblemática de un sistema en el que la lealtad política, la gestión opaca y las relaciones corruptas habían desplazado al conocimiento experto y la responsabilidad profesional. Con independencia de las causas técnicas concretas del derrumbe, surgió la pregunta de cómo había podido completarse, sin una supervisión de seguridad adecuada, un gran proyecto de infraestructura presentado como símbolo de la modernización del país.
La rebelión estudiantil que siguió recibió un amplio apoyo del profesorado universitario. Esta alianza tenía además un fundamento muy inmediato: estudiantes y profesores ya se conocían, se encontraban a diario en sus facultades y compartían el mismo espacio institucional. Para los estudiantes, la élite académica incluía a sus propios profesores, con quienes podían comunicarse y cooperar directamente. A pesar de los conflictos ocasionales en torno a los bloqueos, las universidades, en particular la Universidad de Belgrado, se convirtieron en pilares cruciales del movimiento, al que proporcionaron apoyo institucional, moral y práctico.
El régimen respondió a la rebelión apoyándose todavía más en los cuadros del partido. La formación del gobierno de Đuro Macut, tras la crisis política provocada por las protestas, no supuso ninguna reconciliación significativa con la comunidad académica. Las figuras que no habían demostrado suficiente lealtad al partido fueron apartadas aún más del gobierno, lo que reforzó un sistema en el que el poder político real residía en la jerarquía informal del partido, mientras que los ministros y otros cargos formales disfrutaban de una autonomía limitada.
Los plenos estudiantiles y el surgimiento de un movimiento populista
El movimiento estudiantil surgido de los bloqueos universitarios desarrolló un modelo organizativo distintivo basado en la democracia directa. Se establecieron plenos en las facultades, donde los estudiantes tomaban decisiones sobre las reivindicaciones, las protestas y otras actividades. La participación en estos plenos varió considerablemente y con el tiempo surgieron jerarquías informales. Los grupos de trabajo encargados de preparar propuestas adquirían a menudo una autonomía sustancial, mientras que los plenos ratificaban decisiones elaboradas por un número relativamente reducido de participantes activos. A medida que el movimiento continuaba, el número de estudiantes directamente implicados en la toma de decisiones cotidiana fue disminuyendo gradualmente.
Con todo, los plenos conservaron su papel de principal fuente de legitimidad del movimiento estudiantil. Su importancia residía también en su capacidad para generar una amplia movilización social. Las marchas estudiantiles entre ciudades, las caminatas de varios días, los recorridos en bicicleta, las manifestaciones masivas y las complejas operaciones logísticas implicaron a un gran número de jóvenes. Muchos no participaban necesariamente en la formulación de las reivindicaciones políticas, pero, al organizar estas actividades, se convirtieron en miembros activos del movimiento. El movimiento estudiantil les permitió integrarse en una comunidad política más amplia a través de la acción colectiva, sin exigirles adoptar previamente una ideología política concreta.
Los estudiantes evitaron con cuidado las posiciones ideológicas y políticas que pudieran socavar el amplio apoyo social, y procuraron presentarse como un movimiento que representaba los intereses de la sociedad en su conjunto. Aunque el modelo organizativo de los plenos tenía afinidades con las tradiciones anarquistas y horizontales, su contenido político no era revolucionario. La participación amplia fomentó la reproducción de las actitudes sociales predominantes, ya que solo las reivindicaciones aceptables para un gran número de participantes podían obtener apoyo. El radicalismo del movimiento estudiantil residía principalmente en sus métodos de organización y en su desafío al gobierno existente, más que en su programa ideológico.
La alianza entre el populismo y el conocimiento experto
El rasgo más inusual del movimiento estudiantil fue su alianza con la élite académica. En muchas sociedades occidentales contemporáneas, los movimientos populistas se desarrollan en oposición a las élites educadas, los expertos y los gestores profesionales. Las instituciones académicas suelen presentarse como parte de un establishment alienado, alejado de las preocupaciones cotidianas de la gente corriente. En Serbia, un movimiento populista de masas acogió a la élite académica como un aliado político natural. La educación, el conocimiento experto, las cualificaciones profesionales y el capital cultural pasaron a ser elementos centrales de su identidad política.
Esto se reflejó claramente en el modo en que se presentó públicamente a los estudiantes. Se los describía como jóvenes educados, honestos, responsables y capaces: futuros médicos, ingenieros, profesores y especialistas. Se hizo particular hincapié en el mensaje de que querían quedarse en Serbia y construir su futuro profesional en su propio país. Este relato correspondía directamente a la experiencia de descontento con el régimen de Vučić. En una sociedad en la que el empleo y el ascenso dependen de las conexiones partidistas, la alternativa natural parece ser una en la que se valoren el conocimiento, las cualificaciones y la competencia profesional. La lucha contra la corrupción y el nepotismo se convirtió así en el vínculo entre la élite académica y la base populista.
Esta alianza implicó también cierta fetichización del conocimiento experto: la expectativa de que las personas con la formación y las cualificaciones profesionales adecuadas, libres de vínculos con la clase política desacreditada, estarían mejor preparadas para gobernar el país. Tal creencia pasa por alto que el conocimiento experto en un campo concreto no se traduce automáticamente en competencia política, y que las élites profesionales tienen sus propios intereses sociales, que no siempre coinciden con los de la mayoría de la población. No obstante, la combinación de movilización populista y autoridad del conocimiento experto permitió al movimiento estudiantil ir más allá de las universidades y convertirse en una alternativa política seria.
Esto se reflejó también en la composición de la Lista Estudiantil. Entre sus candidatos había catedráticos universitarios, economistas, abogados, especialistas de diversos campos y un número significativo de personas procedentes de organizaciones no gubernamentales.
Por qué el movimiento estudiantil no desarrolló una nueva ideología
Cuando el movimiento estudiantil decidió dejar de dirigir demandas al gobierno existente y pedir en su lugar elecciones parlamentarias, dio un paso que en un principio pudo parecer un abandono de su lógica original de democracia directa. Sin embargo, esta decisión era coherente con el carácter populista del movimiento. Aunque se basaban en principios de democracia directa, los plenos estudiantiles reprodujeron otra creencia social dominante: que las elecciones parlamentarias son el principal mecanismo de cambio político.
Al mismo tiempo, mantuvieron las distancias con los partidos políticos existentes. Esto se explicó a menudo por las características organizativas del movimiento estudiantil. Dado que los plenos no tenían representantes permanentes autorizados para negociar en nombre del movimiento en su conjunto, la cooperación con los partidos políticos resultaba institucionalmente complicada. Había además una razón ideológica más profunda. El movimiento estudiantil difícilmente podía negociar un programa común con partidos que tenían posiciones políticas claramente definidas. Cooperar con liberales, conservadores, nacionalistas o socialdemócratas habría exigido al movimiento tomar posición en cuestiones sobre las que su propia base estaba dividida. Su fuerza política dependía de su capacidad para evitar que se abrieran esas divisiones.
La Lista Estudiantil representaba lo que la sociedad percibía ampliamente como normalidad política. Su demanda fundamental era un Estado libre de corrupción, instituciones que funcionaran correctamente y que el conocimiento experto primara sobre la afiliación partidista. Por ello, la campaña electoral estuvo en gran medida libre de conflictos ideológicos tradicionales. Vučić intentó presentar a la Lista Estudiantil como una fuerza política que cambiaría sus políticas económica y exterior, pondría en peligro las relaciones con Rusia o cuestionaría las prestaciones sociales existentes. La Lista Estudiantil respondía por lo general que tales cambios no eran su objetivo y que aplicaría las políticas existentes con mayor eficacia y responsabilidad. Había una continuidad programática considerablemente mayor entre las dos listas electorales más importantes de lo que la intensidad de su confrontación política podía sugerir.
Incluso cuando la Lista Estudiantil expresó su oposición a la política de mano de obra barata promovida por el régimen de Vučić en sus primeros años, la diferencia no estaba del todo clara. Durante la década anterior, el propio régimen había intentado alejarse de la imagen de un país que atraía a inversores extranjeros exclusivamente por sus bajos salarios, y había promovido en su lugar el desarrollo tecnológico, la inversión en ciencia y una inversión industrial más sofisticada. Existe una diferencia sustancial entre la retórica política y los resultados económicos reales, pero el conflicto versaba en gran medida sobre quién era capaz de realizar el modelo económico deseado.
Una lógica similar se aplicó a la política exterior. El gobierno de Vučić procuró mantener relaciones con la Unión Europea, Rusia y China evitando un alineamiento completo con ningún bloque internacional. Esta política gozaba de un apoyo relativamente amplio en la sociedad, lo que daba a la Lista Estudiantil pocos motivos para cuestionarla de forma radical. La elección electoral central era mucho más sencilla: la continuación de un sistema basado en la lealtad partidista o su sustitución por otro que prometía un gobierno profesional.
Una victoria de carácter plebiscitario y la derrota de la clase política
Los resultados electorales confirmaron la fuerza de esta movilización política. Según los datos preliminares de la Comisión Electoral de la República, la Lista Estudiantil obtuvo el 52,65 % de los votos, mientras que la lista encabezada por Aleksandar Vučić recibió el 39,22 %. La participación fue de aproximadamente el 69 %, y las proyecciones de escaños indicaron que la Lista Estudiantil podría formar por sí sola una mayoría parlamentaria. La maquinaria electoral de Vučić logró conservar una parte sustancial de su base de votantes, pero no pudo igualar la movilización excepcionalmente amplia de los votantes que buscaban un cambio político.
El movimiento estudiantil consiguió dar a las elecciones el carácter de un referéndum. El voto se presentó como una decisión sobre si debía sobrevivir el sistema de gobierno existente, y este clima eliminó de hecho el espacio de los partidos tradicionales de la oposición. La mayoría se retiró de la carrera electoral, y los que permanecieron obtuvieron resultados insignificantes. Ninguna lista no minoritaria, aparte de las dos dominantes, superó el umbral electoral. El movimiento estudiantil derrotó así a Vučić y reemplazó de hecho a la oposición anterior.
Esta puede ser la consecuencia política más importante de las elecciones. Serbia no ha obtenido un nuevo partido de gobierno que represente una alternativa ideológica claramente definida al gobierno anterior. Un movimiento cuya legitimidad descansa en la combinación de movilización de masas, rechazo de la corrupción y confianza en el conocimiento experto se ha asegurado una mayoría parlamentaria.
Promoción inmobiliaria: la droga que alimenta el modelo económico de Vučić
El régimen de Vučić sobrevivió gracias a su maquinaria electoral y a sus relaciones clientelares, pero su estabilidad política dependía también de su capacidad para proporcionar crecimiento económico, una relativa estabilidad del nivel de vida y un mayor poder adquisitivo. La política económica del gobierno anterior era más compleja de lo que a menudo se la presenta en los círculos de la oposición.
Durante la década anterior, Serbia se benefició de ciertas ventajas derivadas de su posición en política exterior. El mantenimiento de relaciones con Rusia proporcionó acceso a energía relativamente asequible, mientras que la cooperación con China aportó inversiones significativas, en particular en la industria, la minería y las infraestructuras. En este sentido, el modelo económico de Serbia compartía ciertas similitudes con las políticas aplicadas por Hungría y Eslovaquia. Al mismo tiempo, mantener un tipo de cambio estable de la moneda serbia frente al euro fue un instrumento importante para preservar el poder adquisitivo. Para una población cuyo consumo depende en gran medida de bienes importados, y para los ciudadanos con préstamos u otras obligaciones denominadas en euros, la estabilidad del tipo de cambio tenía una importancia económica inmediata. El régimen procuró también asegurar aumentos de las pensiones, de los salarios del sector público y de diversas prestaciones sociales. Con independencia del alcance real y de los efectos distributivos de estas medidas, contribuyeron a mantener el apoyo social al modelo económico existente.
La promoción inmobiliaria se convirtió en uno de sus pilares más importantes. Los grandes proyectos de infraestructura, el desarrollo de complejos residenciales y comerciales, el proyecto Belgrade Waterfront, los preparativos para la EXPO y otros desarrollos urbanos conexos sostuvieron la actividad de la construcción, crearon empleo y contribuyeron al crecimiento del PIB. El problema era la excesiva dependencia de la economía de grandes proyectos de construcción, a menudo de lujo, cuya contribución a la actividad económica terminaba en buena medida cuando concluía la obra. Además, una parte sustancial del trabajo fue realizada por empresas extranjeras que traían a sus propios trabajadores y se marchaban tras completar los proyectos, lo que dejaba beneficios limitados a largo plazo para la economía nacional.
En Serbia, la promoción inmobiliaria cumplió también una función claramente política. Los grandes proyectos de construcción e infraestructura figuraban entre los mecanismos clave que vinculaban a las élites políticas y empresariales. El control sobre el suelo, las decisiones urbanísticas, la contratación pública y los proyectos de inversión creó oportunidades de acumulación privada de capital. La promoción inmobiliaria se convirtió así en uno de los mecanismos a través de los cuales personas vinculadas al poder político podían convertirse ellas mismas en capitalistas. Este modelo generó una poderosa interdependencia entre la autoridad política, los inversores y el sector de la construcción. El control político daba acceso a proyectos rentables, mientras que esos proyectos contribuían al crecimiento económico en el que el gobierno basaba parte de su legitimidad.
En este sentido, la promoción inmobiliaria se convirtió en una especie de droga para el régimen de Vučić. Permitía satisfacer simultáneamente dos demandas importantes: el enriquecimiento continuado de la élite empresarial con conexiones políticas y el mantenimiento de un nivel de actividad económica lo bastante alto como para que el nivel de vida siguiera subiendo. Cada nuevo gran proyecto prolongaba el funcionamiento de este modelo y, al mismo tiempo, aumentaba la dependencia de su expansión continua.
El futuro de los grandes proyectos de desarrollo urbano adquirió, por tanto, importancia política. La oposición de la Lista Estudiantil a los planes de reurbanización comercial del complejo del Estado Mayor en Belgrado, vinculados a los intereses inversores de la familia del presidente estadounidense Donald Trump, fue una expresión visible del rechazo al enfoque anterior en la gestión del espacio urbano y de los recursos públicos. En consecuencia, el nuevo gobierno se enfrentará a un grave problema: si pretende desmantelar los mecanismos corruptos del régimen anterior, tendrá que cambiar también el modo de funcionamiento de uno de los motores importantes del crecimiento de la economía.
Las limitaciones económicas del nuevo gobierno
La Lista Estudiantil presentó un ambicioso programa de reformas, en particular en educación, ciencia, cultura, sanidad y protección social. Este programa refleja su composición social y el importante papel de la élite académica y profesional en su elaboración. Cumplir estas promesas requerirá recursos públicos sustanciales.
Una de las suposiciones en que se apoya el optimismo del nuevo gobierno es que combatir la corrupción liberará recursos suficientes para financiar las reformas prometidas. Una contratación pública más transparente, una inversión más racional y un menor uso indebido de fondos públicos podrían sin duda generar ahorros sustanciales. Sin embargo, sigue sin saberse si serán suficientes. Incluso con una reducción significativa de la corrupción, Serbia seguiría enfrentándose a una baja productividad, unos ingresos públicos limitados, la dependencia de la inversión extranjera y debilidades estructurales en su economía nacional.
La posible reorientación del desarrollo económico plantea un desafío especialmente complejo. Si el nuevo gobierno intentara reducir la dependencia de la promoción inmobiliaria y poner mayor énfasis en la producción orientada a la exportación, se encontraría con las limitaciones derivadas del modelo monetario y económico existente. Reforzar la competitividad de la agricultura nacional y de ciertos sectores industriales, por ejemplo, podría plantear interrogantes sobre el valor real del dinar. La depreciación de la moneda nacional podría mejorar la competitividad en precio de las exportaciones, pero también encarecería los bienes importados y socavaría el poder adquisitivo. Una medida así no resolvería automáticamente los problemas de la producción y podría tener graves consecuencias sociales. Preservar el poder adquisitivo fue una de las promesas importantes de la Lista Estudiantil. Su base populista no espera una política económica que pida a los ciudadanos aceptar un nivel de vida decreciente en nombre de objetivos de desarrollo a largo plazo.
Limitaciones similares se aplican a la emigración de jóvenes y personas con estudios. Durante los dos últimos años, el movimiento estudiantil subrayó con fuerza que los jóvenes querían quedarse en Serbia y construir allí su futuro. Sin embargo, la emigración de trabajadores cualificados no es exclusivamente una consecuencia de la corrupción o del gobierno autoritario. La experiencia de Croacia demuestra que incluso los Estados miembros de la UE pueden enfrentarse a una emigración laboral a gran escala, y que la libre circulación dentro del mercado laboral europeo puede facilitar la migración hacia países más ricos.
Por tanto, el nuevo gobierno se enfrentará a una serie de problemas para los que no existen soluciones técnicas sencillas. Su respuesta a la cuestión del desarrollo económico futuro gira principalmente en torno al aumento de la productividad, una de las tareas más difíciles de la política económica, que requiere un cambio estructural a largo plazo y no simplemente la sustitución del personal político.
¿Controlará la base populista a la nueva élite?
La cuestión más importante tras la victoria electoral es la relación que el nuevo gobierno establecerá con el movimiento que lo llevó al poder. Durante los dos últimos años, los plenos estudiantiles fueron la principal fuente de legitimidad del movimiento. Decidieron sobre las reivindicaciones políticas, las formas de movilización y, finalmente, el paso a la política parlamentaria. El proceso de elaboración de la Lista Estudiantil demostró además la insistencia del movimiento en controlar a sus representantes. Los candidatos se sometieron a largos procedimientos de escrutinio de sus biografías y de su integridad profesional, con el objetivo de impedir la nominación de personas cuyo pasado pudiera comprometer a todo el movimiento. Este enfoque reflejaba el mensaje político fundamental de que el poder debe confiarse a personas competentes y sin mácula.
La entrada en el parlamento de unos 140 representantes de la Lista Estudiantil crea una situación completamente nueva. Los diputados poseerán ahora legitimidad política formal, acceso a las instituciones del Estado y la capacidad de participar directamente en la toma de decisiones. Ya no serán meros delegados de un movimiento de protesta, sino titulares de mandatos parlamentarios. La cuestión es si el nuevo gobierno seguirá reconociendo la autoridad de los plenos estudiantiles y de otras formas participativas de organización. Los propios plenos ya se han debilitado considerablemente: su actividad decrece y participan menos estudiantes. Si logran preservar sus estructuras organizativas y sus conexiones con los representantes electos, podrían funcionar como un mecanismo de control social sobre el nuevo gobierno, limitando la autonomía de los administradores profesionales y su capacidad para aplicar políticas contrarias a las expectativas de la base electoral del movimiento.
Existe también la posibilidad de que el vínculo con el movimiento estudiantil se vaya cortando gradualmente. En ese caso, la élite académica, que ya ocupa una posición destacada dentro de la Lista Estudiantil, podría convertirse en la fuerza política dominante en el nuevo gobierno. Sus representantes podrían empezar a comportarse como las élites profesionales políticas y gerenciales de las sociedades occidentales, y justificar las medidas impopulares apelando a la necesidad económica, la responsabilidad fiscal o las exigencias del mercado.
Los diputados de la Lista Estudiantil tienen convicciones políticas diversas. Algunos están más cerca de posiciones liberales y proeuropeas, otros de posiciones conservadoras o nacionalistas, y algunos candidatos se asocian con políticas de orientación social. Mientras el objetivo principal fue derribar al régimen de Vučić, estas diferencias no tenían por qué volverse políticamente decisivas. Una vez que el nuevo gobierno se enfrente a cuestiones concretas de fiscalidad, privatización, gasto público, legislación laboral y relaciones internacionales, los conflictos ideológicos podrían hacerse inevitables. Es fácil imaginar que vayan surgiendo gradualmente en el seno de la mayoría parlamentaria grupos liberales, conservadores, nacionalistas o de izquierda. Tal evolución marcaría el fin de la particular unidad populista que hizo posible la victoria electoral y podría abrir el camino a reformas neoliberales, políticas de austeridad u otras medidas que amenacen directamente el nivel de vida de sectores de la población.
Entre la normalización política y una nueva democracia
La victoria de la Lista Estudiantil demostró que incluso una maquinaria de partido excepcionalmente sofisticada puede ser derrotada mediante una amplia movilización social. El movimiento estudiantil unió a gran parte de la población en torno a las demandas de acabar con la corrupción, el nepotismo y el control partidista de las instituciones. Su promesa fundamental era la normalización política.
Las consecuencias inmediatas de esta victoria ya son visibles. Desde la perspectiva de Radnički glas (La Voz de los Trabajadores), una organización de la que soy miembro y que trabaja con sindicatos de la educación, la investigación, la cultura y otros sectores, el cambio en las relaciones políticas se sintió prácticamente de la noche a la mañana. Apenas un día después de las elecciones, ya observamos cambios en el comportamiento de ciertos directores y gerentes, mientras surgen interrogantes sobre el futuro de numerosos procedimientos iniciados contra empleados que se opusieron al gobierno. Un sindicato militar que anunció hace varios meses que cesaba su actividad a causa de las presiones políticas ha emitido ahora un nuevo comunicado en el que sugiere que podría reanudar su labor.
El nepotismo partidista era una experiencia cotidiana para un gran número de empleados. Para muchas personas, la victoria de la Lista Estudiantil trae, por tanto, una sensación de liberación de la presión inmediata. La posibilidad de hablar con más libertad en el trabajo, negarse a obedecer una instrucción política o planificar un futuro profesional sin depender de la lealtad partidista supone un cambio tangible. Esto ayuda a explicar las celebraciones masivas posteriores a las elecciones.
La victoria ha abierto también la posibilidad de transformar la propia representación política. Aquí nos encontramos con la que quizá sea la similitud más interesante, y aparentemente paradójica, entre la Lista Estudiantil y el régimen de Vučić. Ambos, de maneras distintas, desplazaron el sistema multipartidista tradicional basado en la competencia entre partidos definidos ideológicamente. Vučić incorporó diferentes opciones políticas a su coalición de gobierno y las subordinó al aparato del partido y a su jerarquía. La Lista Estudiantil reunió a representantes ideológicamente diversos en torno a un objetivo político común, pero construyó su legitimidad a través de la participación de masas y no de una organización partidista tradicional.
La ausencia de programas de partido claramente definidos no tiene por qué ser una debilidad del nuevo orden político. La competencia entre partidos políticos, en la que los ciudadanos eligen periódicamente entre programas preformulados, no es la única forma posible de representación democrática. El movimiento estudiantil demostró que podía movilizarse a un enorme número de personas que nunca habían pertenecido a partidos políticos ni se habían implicado antes en el activismo político. Su participación fue más allá de las protestas: organizaron la campaña electoral, protegieron los colegios electorales y supervisaron directamente el proceso electoral. Personas que antes habían sido meros votantes se convirtieron en participantes activos de la vida política.
La cuestión es si esta forma de participación puede mantenerse tras la victoria electoral. Los plenos estudiantiles ya se han debilitado, pero la energía social liberada por el movimiento no tiene por qué seguir ligada exclusivamente a ellos. Es especialmente significativo que muchos candidatos de la Lista Estudiantil sean personas profesionalmente consolidadas y sin ambiciones políticas previas. Su disposición a aceptar mandatos parlamentarios no implica necesariamente el deseo de convertirse en políticos profesionales. Entender el cargo político como una responsabilidad social temporal podría ayudar a establecer una relación diferente entre los representantes y quienes representan.
Los sindicatos podrían desempeñar un papel importante en este proceso. A diferencia de los plenos estudiantiles, cuya actividad está ligada a la composición cambiante de la población estudiantil, los sindicatos tienen estructuras organizativas más duraderas, conexiones directas con los trabajadores y reivindicaciones concretas que surgen de las relaciones laborales cotidianas. En el espacio político que se abre tras la caída del régimen anterior, podrían afirmarse como una de las voces organizadas desde abajo.
Esto implicaría también una relación diferente con el poder parlamentario. Los sindicatos no tendrían que limitarse al diálogo social tradicional, los llamamientos a los ministerios y las negociaciones ocasionales con los responsables del gobierno. Podrían establecer vínculos duraderos con los diputados de la Lista Estudiantil, siguiendo el ejemplo de la cooperación que desarrollaron con los plenos estudiantiles durante las protestas, y utilizar esas relaciones para articular las demandas de los trabajadores y presionar al gobierno. Cumplir las promesas del programa estudiantil, incluida la ampliación de los derechos laborales, podría proporcionar un marco común para esa acción, mientras los sindicatos preservan su independencia y su papel de voz organizada de los trabajadores.
Una relación así podría ofrecer una vía para ir más allá de las limitaciones de la democracia parlamentaria representativa. Los grupos sociales organizados podrían participar directamente en la configuración de las decisiones políticas y en la supervisión de su aplicación. El parlamento podría convertirse entonces en un lugar donde se articulan las demandas de la base social, y no en una institución en la que los políticos profesionales toman decisiones de forma independiente entre un ciclo electoral y otro.
La posibilidad más importante que abre la victoria de la Lista Estudiantil reside en la oportunidad de liberar la representación política de su dependencia exclusiva de la competencia entre partidos y de construir un vínculo más duradero entre los representantes electos y una sociedad activa y organizada. El movimiento estudiantil ya ha demostrado que la participación política de masas puede existir al margen de los partidos políticos tradicionales. Su próximo desafío será demostrar si esa participación puede perdurar cuando los representantes del movimiento constituyan la mayoría parlamentaria gobernante.
Srđan Atanasovski. Miembro de Radnički glas (La Voz de los Trabajadores)
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